Zona Dura: 3 de junio de 2005 I al DsD I

A propósito del 7 de junio, Día del Periodista

¿Quién mató a Rodolfo Walsh?

Horacio Verbitsky y Cristina Fernández en julio del año pasado durante un homenaje al periodista Eduardo Kimel. (Foto: DyN)
 

Rodolfo Walsh es un referente claro de muchísimos periodistas argentinos, principalmente desde la vuelta de la democracia en 1983. Su vida, su trayectoria política y profesional, sus escritos y libros no solamente han sido profusamente difundidos sino que conforman un paradigma en varias facultades de periodismo de la Argentina, donde su nombre es todo un símbolo. Hubo que esperar hasta enero de 1998, para que un periodista, Uki Goñi mediante un artículo publicado – curiosamente - en La Nación se preguntara quién mató a Walsh y ensayara una respuesta con testimonios nunca revelados hasta ese momento. El valioso aporte señaló por primera vez la responsabilidad del ex subcomisario Ernesto Webber. Meses después, se produjo una declaración en sede judicial de un miembro de las fuerzas de represión que se autoincriminó en el ataque a Walsh. El DsD presenta ese testimonio que hasta hoy constituye le prueba judicial más cercana para resolver el enigma.


El asesinato del periodista, escritor y militante Rodolfo Walsh, sigue siendo uno de las tantas muertes no esclarecidas que dejó la dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983. A 28 años del hecho, hubo muchas aproximaciones periodísticas y judiciales en aras de establecer la verdad de los hechos. De todas formas aún no hay elementos fehacientes para elaborar una certeza, aunque sí muchos indicios, testimonios y hasta una declaración judicial de uno de los que participó del operativo en que el periodista cayó baleado.

Varios nombres y alias circulan en torno a la historia. Rubén Jacinto “El Delfín” Chamorro; Jorge “El Tigre” Acosta; Alfredo “El Cuervo” Astiz; Ernesto “220” Webber y Roberto Oscar “Federico” González, son mencionados en todas las aproximaciones que se hicieron sobre el episodio del asesinato de Walsh.

Algunos datos ya se pueden considerar como ciertos en base a la coincidencia sobre ellos que brindaron a lo largo de estos años todos los protagonistas. Walsh murió el 25 de marzo de 1977 en una esquina del barrio de Constitución. El día anterior, al cumplirse el primer aniversario del gobierno de facto, había hecho circular su mítica “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”).

El 25, Walsh fue interceptado por “un pelotón especializado” en la esquina de la avenida San Juan y Combate de los Pozos. Venía de la estación Constitución, a donde había arribado procedente de su casa de San Vicente. Al momento de la detención, Walsh se resistió y se tiroteó con un “arma de puño” con sus captores. Su cuerpo llegó a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) sin vida. Hasta el día de hoy no fue encontrado.

Esta información se puede dar por acreditada, tanto por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) como por las distintas causas judiciales que se abrieron luego del hecho y los testimonios de sobrevivientes de la ESMA y amigos del escritor. Pero a partir de allí, a la hora de intentar establecer los autores del hecho, los datos se bifurcan, aunque con muchas coincidencias entre ellos.

El texto correspondiente al caso Walsh publicado en el “Nunca Más” (recopilación realizada por la Conadep), señaló que “según la extensa y prolija narración brindada por la hija del escritor, Patricia Cecilia Walsh, su secuestro se produjo el día 25 de marzo de 1977 en la Capital Federal, en las cercanías de la Estación Constitución, donde había arribado desde su domicilio en la localidad de San Vicente -provincia de Buenos Aires- para realizar una diligencia. El día anterior había instrumentado la circulación pública de una carta abierta a la Junta Militar de Gobierno, por la que diseñaba el cuadro de violación de los derechos humanos y de perjuicios a la economía nacional que caractetizaba al régimen”.

Añadió que “de diversos testimonios prestado ante esta Comisión (Sara Solars - Legajo N° 4442); María Alicia M. de Pirles (Legajo N° 5307) surge que Walsh llegó muerto a la Escuela Superior de Mecánica de la Armada. Asimismo, otra testigo (Graciela Beatriz Daleo -Legajo N° 4816) asevera haber visto en la citada ESMA documentación identificatoria y escritos personales pertenecientes a la víctima, lo que se refuerza con la testimonial de Enrique Mario Fuckman (Legajo N° 4687). Según refiere la hija de Walsh, también otros, como el Dr. Martín Grass, vieron allí el cuerpo del malogrado escritor”.

El contexto

El relato de Patricia Walsh a la Conadep, señaló que su padre “en la fecha de la desaparición, debía encontrarse en un departamento de la ciudad de Buenos Aires con su compañera (Lilia Ferreyra) con quien vivía desde años atrás, lo que no ocurrió, circunstancia que determinó que ésta se dirigiera a la casa de San Vicente, a la que encontró con incontables impactos de proyectiles balísticos de grueso calibre por sus cuatro paredes exteriores, absolutamente saqueada y hasta con señales de bombardeos con granadas estalladas en el terreno donde el inmueble se asienta. Por versión de los vecinos, llegaron por la noche alrededor de cuarenta hombres vigorosamente armados, quienes atacaron el lugar durante no menos de dos horas, estando desocupada la vivienda. A partir de hechos específicos, el periodista se encontraba alertado sobre las inseguridades de su situación. A raíz de la muerte, por fuerzas de seguridad, de su hija María Victoria Walsh y el allanamiento de su casa en el Delta del Tigre, con total saqueo de sus pertenencias”.

Según publicó en Página/12 Horacio Verbitsky el 10 de octubre de 2001, “Walsh murió en la calle, resistiendo con un arma de puño el intento de secuestro por un pelotón de la ESMA, en una cita entregada por un compañero caído”. El periodista norteamericano Martin Andersen, en su libro “Dossier secreto” (editado en Argentina por Planeta en el año 1993, página 303) afirmó que “iba a reunirse con José M. Salgado, ex oficial de la policía que había colaborado en el atentado a Coordinación Federal en julio, quien habría sido detenido, torturado y obligado a delatar al escritor. Walsh recibió la advertencia de que la cita podía estar ‘envenenada’, es decir que podía tratarse de una trampa para atraparlo. El no se preocupó, aunque no por eso dejó de llevar la pequeña pistola, que le había regalado su mujer”.


 

Los hechos

El 25 de enero de 1998, el periodista Uki Goñi publicó una nota en La Nación titulada “¿Quién mató a Rodolfo Walsh?” en donde reprodujo testimonios -hasta ese momento desconocidos-, de sobrevivientes de la ESMA, que aportaron los primeros datos concretos sobre los que participaron en la muerte del escritor.

Uno de los testimonios que incluyó fue el de Miguel Ángel Lauletta, “un ex montonero que, a cambio de que la ESMA perdonara la vida de su familia, aceptó colaborar falsificando documentos para la Armada, entre ellos uno a nombre de Gustavo Niño, empleado por Alfredo Astiz durante su infiltración entre los familiares de desaparecidos”.

Lauletta le dijo a Goñi que “el hombre que segó la vida de Walsh el 25 de marzo de 1977 habría sido un subcomisario de la ESMA, Ernesto Webber, alias ‘220’”. La nota agregó que “Lauletta no tiene dudas al respecto, ya que el mismo Webber alardeó ante él de haber efectuado los disparos mortales”. En su testimonio el ex detenido señaló: “Fue un grupo grande. Webber cuenta que iban por la avenida San Juan y lo marcan a Walsh. Webber se acerca por atrás y, justo cuando lo va a agarrar, alguien, detrás de él, grita: ‘¡Alto, policía!’. Entonces Walsh se da vuelta y lo ve a Webber y ahí le tiran con todo”.

Uki Goñi señaló que “por mucho tiempo, el único testimonio sobre la muerte de Walsh fue el legajo 6974 de la Conadep, de una pareja de sobrevivientes de la ESMA, Lisandro Raúl Cubas y Rosario Evangelina Quiroga de Cubas. Allí se identificó, entre la patota que dio muerte a Walsh, al mayor del Ejército Juan Carlos Coronel, al inspector de la Policía Federal Roberto Oscar González -alias Federico- y al entonces teniente Astiz, que supuestamente habría empleado sus dotes de rugbier para taclear a Walsh”.

 

Sin embargo, en su testimonio Lauletta no pudo confirmar por conocimiento propio la participación de Astiz: “No era Astiz. Era Webber. Y no lo iba a taclear. Lo iba a agarrar” le dijo. Uki Goñi también consignó en esa nota el testimonio de otro sobreviviente de la ESMA, que habló “con la condición de no ser identificado”. Ese testigo “también oyó a Webber alardear de que había matado a Walsh: ‘El tipo que lo agarró a Rodolfo Walsh fue un subcomisario que se llama Ernesto Webber, al que le decían 220. Tenía voz de pito’, le confesó. “Le tiraba y le tiraba y le tiraba y no se caía - dijo Webber al testimoniante -. No se caía y no se caía. Le salía sangre y sangre y yo le tiraba. Le salía sangre y sangre y el tipo no caía”, consignó la nota de Goñi y agregó: “A este testimoniante tampoco le consta la presencia de Astiz en el grupo. ‘No sé. Solo sé que Webber estuvo’”. En diálogo con el DsD, Goñi develó que quien habló en ese momento en forma anónima fue el ex detenido y sobreviviente de la ESMA, Ricardo Coquet, dato que ahora se puede difundir porque no existen los inconvenientes que en su momento obligaban a la reserva de la identidad de la fuente.

La muerte de Walsh, vale decirlo, en aquel momento sólo fue publicada en el diario The Buenos Aires Herald, cuyo director, Robert Cox, admiraba profundamente la profesionalidad del escritor.

Audiencias de la Verdad

En los años 1997 y 1998 se realizaron en la Cámara Federal porteña las llamadas “audiencias de la verdad”, en el marco de la causa que investiga el destino de los desaparecidos en la ESMA que lleva adelante el juzgado a cargo de Rodolfo Canicoba Corral. Allí, ante los jueces Luisa Riva Aramayo (fallecida), Eduardo Luraschi y Martín Iruruzun pasaron varios militares relacionados con la ESMA.

Uno de los primeros fue Astiz, quien dijo no saber quién mató a Rodolfo Walsh y respondió a las preguntas de los magistrados con una serie de “no me acuerdo” y otras evasivas similares.
Ernesto Webber, señalado por los sobrevivientes del centro clandestino de detención como responsable de la muerte del escritor, también fue interrogado y eligió la misma estrategia que Astiz: no decir nada. La jueza Riva Aramayo leyó entonces la nota de Uki Goñi publicada en La Nación, por lo que los testimonios allí recogidos – de Lisandro Cubas y Miguel Ángel Lauletta -, se incorporaron por primera vez a la causa y hasta hoy son tenidos en cuenta como declaraciones judiciales. 

Sin embargo, el 4 de abril de 1998, meses después de la nota de Goñi en La Nación y de los testimonios de Astiz y Webber, se presentó ante la Cámara Federal el subcomisario retirado de la Policía Federal, Roberto Oscar González (mencionado como participante del asesinato de Walsh en el Nunca Más). En la audiencia estuvo presente Patricia Walsh, hija de Rodolfo, quien le señaló al DsD que “cuando González empezó a hablar y a admitir su participación en los hechos, la jueza Riva Aramayo dijo ‘este hombre se volvió loco’”. 
En su declaración – a la que tuvo acceso el DsD -, se puede leer que “ante preguntas del Tribunal (González) dijo que el significado de ‘Unidad 3.3.2’ (el grupo de tareas que fue a capturar a Walsh) era: el primer número pertenecía a la Armada y funcionaba en un predio especial dentro de la Escuela de Mecánica de la Armada, pero que nada tenía que ver con ella. Que el declarante dependía operacionalmente del Sr. Acosta y a su vez éste de Chamorro”. 

Cuando González mencionó al “Sr. Acosta” y a Chamorro, se refirió al capitán de fragata Jorge “El Tigre” Acosta y al contraalmirante Rubén Jacinto “El Delfín” Chamorro (fallecido), a cargo de la ESMA durante aquellos años.

El testimonio de González ante la Cámara prosiguió así: “Recuerda también el caso en el que murió en un enfrentamiento a quien el declarante conocía por el sobrenombre ‘Neurus’ o ‘Esteban’, quien en realidad fue Rodolfo Walsh. Se trató de una ‘cita’, es decir cuando la Organización (Montoneros) cita a uno de sus integrantes en determinado lugar. Esta ‘cita’ de alguna forma que no recuerda fue conocida por el grupo de tareas, es decir ‘para él estaba podrida, para nosotros no’”.

Como se dijo antes, tanto Verbitsky como el estadounidense Andersen, coincidieron en que un “compañero” de Walsh caído en manos de los militares habría sido quien le habría pasado el dato al pelotón. Andersen incluso asegura que se trata del ex oficial de la Policía, José Salgado, colaborador del escritor.

La declaración ante la Cámara asegura que González dijo que “no estuvo en el hecho puntual de ‘Neurus’, sí estuvo en el operativo exterior que era una contención que se hacía”. El ex subcomisario declaró que en la emboscada a Walsh participaron “8, 10 o 14 personas y máxime en este caso, teniendo en cuenta que ‘Neurus’ por su situación en la Organización, jefe de información de Montoneros, se trataba de una persona importante y que se descontaba que podía estar acompañado por otros miembros de la Organización, aunque en este caso estaba solo. En ese operativo Rodolfo Walsh fue muerto y su cuerpo fue llevado al grupo de tareas, porque era el procedimiento normal. Que el declarante personalmente sintió frustración porque Walsh no fue detenido con vida y se trataba de una persona importante dentro de Montoneros”.

Patricia Walsh tiene una hipótesis de por qué González se decidió a admitir que había participado en el crimen de su padre, aunque sin mencionar a ninguno de los otros que integraron el pelotón. “El hombre estaba muy mal vestido, con un pantalón raído y los zapatos gastados. Se notaba que no tenía un buen pasar. Yo pienso que quedó resentido con sus antiguos jefes, porque le hicieron hacer el trabajo sucio y no lo compensaron como el pretendía”, le dijo al DsD. Agregó que a la salida del Tribunal, González le dijo: “Puede estar orgullosa usted de su padre, por la forma en que se resistió al arresto, con mucha valentía”. La actual diputada nacional da crédito a los testimonios consignados por Uki Goñi en La Nación: “El que le pegó el tiro de gracia fue Webber”.

La declaración y autoincriminación de González es, hasta hoy, el único dato judicial de la muerte de Rodolfo Walsh que fue brindado de parte de algún miembro de las fuerzas de represión. Su testimonio se complementa con los de los sobrevivientes del terrorismo de Estado que el periodista Uki Goñi hizo salir a la luz.

El 19 y 20 de diciembre

La muerte de Rodolfo Walsh, contradiciendo quizá aquella frase que asegura que “la historia no se repite”, volvió a surgir durante los sucesos del 19 y 20 de diciembre del 2001 que terminaron con la caída del presidente Fernando de la Rúa.

Según el periodista y actual diputado nacional, Miguel Bonasso, en su libro “El palacio y la calle” de Editorial Planeta, “el policía que sería responsabilizado por ‘los ultrajes, maltratos y vejaciones’ que recibieron Hebe de Bonafini y otras seis Madres, era el subcomisario Ernesto Sergio Weber, a cargo de la Fuerza Nº 2 del Cuerpo de Operaciones Federales (COF 2), hijo del subcomisario Ernesto Weber, que había asesinado a Rodolfo Walsh en marzo de 1977”. (Aclaración: Bonasso escribió Weber con una sola “b”, mientras que en todos los demás documentos figura con dos. Tampoco aclara en su libro que el dato de Webber se lo conoce por la nota de Uki Goñi).

La versión que vincula a Webber y a Astiz como los asesinos de Walsh es la más extendida hoy en día. Por ejemplo, en una biografía del escritor publicada en la página web del historiador Felipe Pigna, asegura que “sobrevivientes de la ESMA le acercaron a su hija Patricia Walsh una versión de lo sucedido. Según esa versión Rodolfo debía ser tacleado por el oficial de Marina y ex rugbier Alfredo Astiz, quien falló en su intento. Esto generó una momentánea confusión que permitió a Rodolfo gatillar el revólver calibre 22 que guardaba en la entrepierna. Así hirió a uno de sus agresores, que quedó rengo (a fines del 77 ese hombre fue galardonado con una medalla en una ceremonia secreta de la ESMA)”.

Sin embargo, hasta hoy, la Justicia no pudo acreditar fehacientemente quién fue el que apretó el gatillo de los tiros que terminaron con la vida de Rodolfo Walsh.


“Esto tampoco se olvidará”

En su libro “Quién mató a Rosendo”, Walsh se refiere a las repercusiones de su investigación y las compara con las que tuvo “Operación Masacre”. Al concluir el texto, reflexionó sobre la impunidad que revestía al caso. Y explicó claramente para quienes había escrito. Esas palabras pueden transcribirse hoy para explicar cómo habría que escribir sobre su propia muerte:

“Ese silencio de arriba no importa demasiado. Tanto en aquella oportunidad como en ésta me dirigí a los lectores de más abajo, a los más desconocidos. Aquello no se olvidó y esto tampoco se olvidará”.

Para saber más sobre Rodolfo Walsh

http://www.literatura.org/Walsh/Walsh.html
http://rodolfowalsh.free.fr/rubrique.php3?id_rubrique=0002http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/w/walsh.php
http://www.nuncamas.org/investig/investig.htm