Como una bomba de efecto retardado, cuyo contenido
viene acumulando presión desde hace años, la crisis que envuelve
al periodismo argentino ha estallado en estos días detonada por
el informe preliminar de la Sociedad Interamericana de Prensa con
un balance negativo que se encargó de legitimar el propio presidente
Néstor Kirchner, con sus manifestaciones agraviantes hacia el papel
de los medios independientes.
Argentina está superando la peor crisis económica de su historia
con profundo impacto social y un desgaste institucional que hasta
puso en riesgo la gobernabilidad y con ella a la democracia que
tanto esfuerzo costó consolidar. En ese contexto sobrevivió la mayoría
de las empresas periodísticas --muchas sucumbieron irremediablemente--
y la secuela económica y financiera sigue golpeando con rigor porque
la recuperación de los medios es mucho más lenta que la de otros
sectores de servicio.
Este punto de inflexión ha sido aprovechado arteramente por una
gestión de gobierno que utiliza mecanismos sutiles y fiscales, pero
contundentes, para complicar la solvencia económica y financiera
de las empresas, especialmente pequeñas y medianas, único bastión
para mantener su independencia.
Todas estas dificultades podrían afrontarse con mayor optimismo
si no se advirtiera en las esferas oficiales una actitud de recelo
y desconfianza hacia los medios. Al ser observados con aprensión,
parece ignorarse su papel fundamental, que consiste en promover
una opinión pública correctamente informada y facilitar la intercomunicación
entre gobernantes y gobernados, misión indispensable para el funcionamiento
de las instituciones democráticas. Si los gobernantes ignoran las
opiniones y apetencias del pueblo, y los gobernados no conocen con
amplitud los pasos de sus mandatarios, la democracia pierde uno
de sus ingredientes fundamentales. Acá se agravia la consideración
que merece la prensa y la del pueblo que no recibe toda la información
pública. Los discursos de los gobernantes dicen sólo lo que quieren
expresar pero no lo que el pueblo necesita saber.
El autoritarismo, enquistado en la gestión de gobierno y en varias
administraciones provinciales, seguirá avanzando en igual proporción
al de las indecisiones y la pasividad de las empresas periodísticas.
Es necesario revalorizar el papel del periodismo independiente como
interlocutor válido de la opinión pública. Los medios de comunicación
tienen el desafío no sólo de rehacer sus maltrechas economías y
estructuras productivas sino también de superar sus deficiencias
informativas para brindar con amplitud todo lo que el público tiene
que saber, con veracidad y objetividad.
No obstante estas descripciones, puede afirmarse que la libertad
de prensa existe en Argentina con restricciones, y estas tendencias
o hechos preocupantes y graves señalados, si se mantienen en el
tiempo, pueden ensombrecer el horizonte de la libertad de prensa.
La delegación de la SIP que analizó los problemas de los medios
argentinos desde el 28 de febrero hasta el 4 de marzo expresó en
su conferencia de prensa en Buenos Aires que los medios no esquivan
su responsabilidad, aunque admitieron faltas propias de las empresas
y de los periodistas y destacaron que las presiones sobre la prensa
inciden en la información que se transmite al público.
Otras cuestiones de fondo que afectan a la libertad de prensa
en Argentina son las siguientes:
La asignación de la publicidad oficial se ha convertido en una
espina irritativa, ya que no se aplican criterios técnicos y objetivos
para su distribución y el propio Jefe de Gabinete del gobierno nacional
ha declarado que asiste a unos más que a otros para evitar favorecer
a los medios grandes. El presidente del Comité Federal de Radiodifusión,
Julio Bárbaro, también admitió en un reportaje publicado por el
diario La Nación el 6 de febrero último que se aplican criterios
discrecionales para asignar publicidad a los medios audiovisuales.
La publicidad forma parte de los ingresos para afianzar la independencia
económica de las empresas, pero esto no quiere decir que el papel
del periodismo independiente no sea el de fiscal nato de una clase
política que prescinde de la prensa, en la creencia de que la única
línea editorial que se defiende es la del debe y el haber, no la
de un derecho constitucional que ampara una libertad considerada
estratégica.
Otro tanto ocurre con la demorada Ley de Acceso a la Información
Pública, de dilatado tratamiento en el Congreso y que no pudo ser
sancionada en virtud de los cambios de criterio que influyeron en
el texto definitivo, despertando la sospecha de la falta de interés
en tal sanción por parte del partido gobernante. Los cambios dificultan
y entorpecen el acceso del público en vez de facilitarlo, como debería
ser de acuerdo con normas republicanas y de principios de rendición
de cuentas y transparencia. La mayor preocupación es que el nuevo
proyecto incluye a entes privados, entre los que estarían los medios
de comunicación, como sujetos obligados a esta ley y a abrir sus
archivos.
Recientemente, la justicia de la provincia de Buenos Aires ordenó
al Ejecutivo de la municipalidad de La Plata entregar toda la información
relacionada con su nómina de personal, tanto permanente como contratado,
al hacer lugar a un requerimiento efectuado por el diario El Día
de esa localidad, después de agotar las instancias administrativas
para obtener información pública. La resolución judicial, más allá
de sus alcances sienta un precedente valioso sobre el acceso de
la prensa a la información pública.
La Ley de Radiodifusión dictada por el gobierno militar en 1980
y que rige con enmiendas parciales no ha sido reemplazada por una
normativa que atienda los cambios del sector y, sobre todo, a la
evolución de la concepción social de la libertad de prensa. Sabido
es que el Estado administra el espectro radioeléctrico y que la
concesión de las ondas o su renovación pueden estar influenciadas
por intereses políticos. Una mayor claridad serviría para aventar
suspicacias y robustecer el funcionamiento de los medios audiovisuales.
La proliferación de radios sin el debido proceso de licitación,
han creado un caos en el funcionamiento de las emisoras legalmente
establecidas.
Se ha autorizado a todas las municipalidades, mutuales y entidades
de bien público a explotar señales radiofónicas aumentando la cantidad
de medios en manos del Estado. El país ya cuenta con una red de
radios nacionales pertenecientes al gobierno en todas las provincias
y grandes municipios, además del Canal 7 de televisión, la agencia
TELAM de noticias y medios de prensa y audiovisuales de propiedad
de gobernantes de las provincias o de terceras personas allegadas
a ellos.
La misión de la SIP recibió denuncias sobre discriminación de
parte del gobierno en materia de otorgamiento de publicidad oficial,
discriminación informativa y presiones, disimuladas pero directas,
contra profesionales de la prensa que se ejercen desde el poder.
El gobierno ha definido como medio "extorsivo" a la revista Noticias
por el solo hecho de informar y criticar la gestión oficial y, por
supuesto, la privó de acceso a la información pública y a asignaciones
publicitarias. El acceso a fuentes informativas oficiales ha desaparecido
desde el momento en que, según declaraciones del Dr. Alberto Fernández,
jefe de Gabinete, la estrategia gubernamental de comunicaciones
la lleva a cabo directamente el presidente con discursos en actos
públicos, poniendo en evidencia una falta de respeto a la función
de la prensa como medio idóneo para informar al público sobre la
actividad gubernamental. Existe una real desconsideración por la
actividad de la prensa. No obstante, como también lo ha advertido
la misión de la SIP, los medios y los periodistas luchan contra
tales adversidades y, en algunos casos, se ha actuado con excesiva
prudencia o bien con debilidades frente al autoritarismo afectando
el cumplimiento de los principios profesionales de informar todo
lo que ocurre con objetividad.
En Argentina existe el suficiente pluralismo periodístico para
que estas situaciones no hayan derivado en "desinformaciones", en
el sentido estricto del término, como aduce el gobierno. El problema
suscitado en Neuquén entre el diario Río Negro y el gobierno data
de 2001, manteniendo desde entonces cerradas las fuentes de informaciones
gubernamentales y recibiendo como sanción la casi eliminación de
la publicidad oficial. Esta agresión, discriminación y falta de
respeto hacia el ejercicio de la libertad de expresión ha sido denunciada
por el diario ante la Justicia, ADEPA, SIP y la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos. El gobierno provincial sigue sin resolver la
discriminación publicitaria y las restricciones denunciadas.
El presidente Néstor Kirchner recurre con obstinada frecuencia
a la descalificación de legítimas opiniones o informaciones. Son
reiterados sus ataques contra periodistas y medios como ha ocurrido
con el informe preliminar dado por la delegación de la SIP que recibió
réplicas y desmentidas por sus declaraciones sobre la situación
del periodismo argentino.
Las alusiones personales injustificadas a periodistas, como la
que lanzó el presidente contra el subdirector del diario La Nación
José Claudio Escribano, y contra el ex presidente de la SIP, Danilo
Arbilla, integrante de la delegación destacada en Buenos Aires,
es otra agresión gratuita como réplica para cubrir errores señalados
por la opinión pública. El presidente Kirchner también hizo apreciaciones
agraviantes contra periodistas de Uruguay.
Tales hechos definen la tensión permanente entre gobierno y periodistas
y ponen de manifiesto el abuso de poder al avasallar la libre expresión
del pensamiento. Estas situaciones que afectan gravemente el desenvolvimiento
de la libertad de expresión, a pesar de su peligrosidad, no impiden
el libre ejercicio de la libertad, aunque dificultan las tareas
de los periodistas y la independencia de las empresas.
Sigue bajo arresto domiciliario por supuesta evasión de impuestos
Héctor Ricardo García, fundador y director del diario Crónica de
Buenos Aires, sin la debida resolución que defina su situación.
La Cámara Federal de Buenos Aires dictó el 8 de marzo el sobreseimiento
y archivo de la causa iniciada por la jueza María Servini de Cubría
contra el presidente del directorio del diario de La Nación y otros
directivos, a quienes se le imputaban delitos económicos. Las pruebas
acumuladas en la causa no eran suficientes para proseguir el juicio,
más cuando la misma la inició un prófugo de la justicia basándose
en publicaciones del semanario sensacionalista El Guardián. La agresividad
de la jueza, disponiendo un allanamiento al diario y otras medidas
graves fueron consideradas desproporcionadas.
En los últimos días, el diario El Heraldo de Concordia, Entre
Ríos, denunció que a principios de marzo recibió una notificación
de la AFIP, agencia federal de impuestos, intimándolo para que en
el lapso de tres días entregue el título de propiedad para proceder
a la subasta. El diario acarrea una carga impositiva anterior al
2004 y está cumpliendo las obligaciones actuales con puntualidad.
ADEPA gestionó la suspensión de la medida y los funcionarios prometieron
ocuparse del tema. |