Un trabajo relevó los primeros diez meses del “ombudsman”
Una mirada sobre la labor de Nelson Castro
al frente del correo de lectores de Perfil
Cuáles fueron los principales mensajes de los lectores al dominical Perfil. Cómo reaccionó Nelson Castro. Por qué tardó varios meses en calificar su tarea como la de “ombudsman”. Qué ocurrió en un encuentro entre editores del periódico, lectores y colegas de otros medios. Estas y otras cuestiones aborda el trabajo que hoy presenta DsD. En su primera versión de 1998, Perfil se convirtió en el primer diario argentino en tener un “Ombudsman” con columna propia. Qué diferencias presenta con la labor que desarrolla hoy Castro.  

Desde el regreso del diario Perfil el año pasado (en esta oportunidad con formato dominical), una de las secciones características fue la del “Correo Central”, a la que se le brindaron las dos páginas centrales del periódico y en donde se nombró al conductor radial y televisivo Nelson Castro como encargado de responder las distintas inquietudes de los lectores . Ocho meses después, tanto Castro como la empresa decidieron comenzar a llamar a ese cargo como “Ombudsman del diario Perfil”, sin que se modificara la modalidad de trabajo.

Diario sobre Diarios presenta un artículo de la Licenciada en Comunicación, Flavia Pauwels, especializada además en la temática relativa al “Defensor del Lector” en la Prensa. El trabajo relevó los primeros diez meses de la sección Correo de Lectores de Perfil, tanto de los mensajes dirigidos al periódico como las respuestas y acciones llevadas adelante por Castro. La autora además concurrió a una charla que editores de Perfil realizaron con sus lectores en donde se debatieron algunos de los aspectos tratados en la sección que conduce Castro.

Por razones de espacio, el texto de Pauwels fue editado por el DsD con el consentimiento de la autora. Pero como el trabajo tiene una cantidad de información muy superior a la aquí comentada, un abundante detalle de fuentes, bibliografía sobre el tema y datos de la investigadora, DsD lo pone a disposición de quien se lo quiera bajar completo en formato PDF, desde aquí.

Diario sobre Diarios ya publicó dos notas en su sección “Zona Dura” relativas a la función del “Ombudsman” o “Defensor del Lector”. La primera se tituló “Los diarios argentinos violan los derechos de sus lectores”, el 30 de julio de 2003, en donde se consignó que en la prensa nacional existen “espacios reducidos para las cartas, no existen los ‘defensores’ ni posibilidades de publicar las criticas sobre los contenidos” periodísticos. La segunda, fue el 13 de enero de 2005 y se tituló “El último defensor del lector” en donde se recordaba a Abel González, ombudsman de la primera y fallida experiencia de Perfil en 1998. Esa nota también estuvo basada en un trabajo de Pauwels.

En esta misma sección, en tanto, se publicaron otras dos notas sobre el rol que tuvo la “Defensora del Lector” del diario El País de España, luego de los atentados en la estación de Atocha, que obligaron al director de ese matutino a admitir públicamente que se equivocó al publicar que los autores del ataque habían sido miembros del grupo separatista vasco ETA. Una fue el 16 de marzo de 2004 y la otra el 23 de marzo del mismo año.
“Gracias por tu carta”
La sección de Perfil que dirige Castro se caracteriza por una frase con la que el periodista suele responder la mayoría de las misivas: “Gracias por tu carta”, con el agregado del nombre de pila del lector. Otras veces, el “ombudsman”, a partir del reclamo de algún lector sobre distintos aspectos de la realidad, suele lanzar reflexiones con tono indignado del tipo “es una vergüenza”, “los funcionarios deberían tomar nota” o “este es un debate que nos debemos los argentinos”. Y en otras oportunidades Castro remite la queja del lector sobre algún contenido del diario al editor o periodista que publicó la nota.

Sólo en dos oportunidades, Castro intervino activamente desde su sección dando sus opiniones sobre algunos aspectos del periódico. La primera vez fue cuando un periodista del staff de Perfil viajó a Finlandia invitado por la empresa Botnia (decisión que Castro cuestionó). La segunda fue cuando se dio un conflicto sindical en el periódico que tuvo como espacio de exposición pública la sección de lectores.

Fuera del período relevado por Pauwels, también se puede anotar que en la edición de Perfil del 14 de enero de 2007, Castro opinó -luego de un reclamo en el mismo sentido de un lector- que fue “irrelevante” la edición en tapa de una foto del ministro Ginés González García con su “novia” que había sido publicada el domingo anterior.
Debate en FOPEA
En el Congreso de Ética Periodística que FOPEA celebró en diciembre del año pasado, Castro expuso sobre su trabajo en Perfil. De ese panel también participó la directora de la carrera de Comunicación Social en la UCES y especialista en comunicación, Adriana Amado Suárez (quien en 2005 publicó un artículo sobre el “Ombudsman” en el volumen I de la compilación “Derecho comparado de la Información”, que se puede bajar en PDF aquí).

Al referirse a la tarea que cumple Castro en Perfil, Amado Suárez destacó que se trata de “un avance muy importante” pero que “no cumple las funciones que regulan la actividad de un ombudsman”. Según explicó la académica a DsD, los criterios que la Organization of News Ombudsman (ONO) especifica para las funciones del ombudsman, son los siguientes: “velar por la equidad, precisión y responsabilidad del medio, consolidar su credibilidad, investigar las razones que motivaron las quejas del público y recomendar acciones correctivas, mantener informado al director del medio sobre estas inquietudes, constituirse en un crítico interno y representar al público del medio canalizando sus quejas, sugerencias, recomendaciones y observaciones; defender al medio y hacer públicas sus posiciones éticas y líneas editoriales, ya sea a través de una columna periódica o de la participación en actividades colectivas, como conferencias y encuentros con la comunidad. A estas tareas pueden agregarse, dependiendo del caso, el trabajo interno a través de reuniones con los diferentes equipos de la redacción, o desarrollando herramientas de comunicación como memorandos, informes o encuestas entre los colaboradores”.

Castro respondió que “con las autoridades de Perfil decidimos que mi involucramiento sería sólo en temas que sean señalados por los lectores del diario, que yo no actuaría en forma activa, sino que lo haría a demanda de los lectores”. Pero dijo que “en casos puntuales o extraordinarios sí, yo tomaría una posición y plantearía lo que pienso a través de mi columna”. En ese sentido mencionó que cuando un periodista de Perfil viajó a Finlandia invitado por la empresa Botnia “yo lo objeté a través de una carta” y “cuando se dio el conflicto sindical en la empresa, yo abrí el espacio para todas las voces que quisieran expresarse”. Castro además señaló que en diversos encuentros que Perfil organizó con sus lectores, “ellos señalaron que hay muchos debates internos, que no les interesan, que son muy endogámicos de los periodistas”. Y dijo que “yo no quiero mostrar un diario egocéntrico que gire sobre sí mismo y hable todo el tiempo de él, sino tratar de involucrarme en torno al interés de los lectores”.

De estos temas y otros más trata el artículo de Flavia Pauwels que presenta DsD
El “ombudsman” tarda en aparecer
El texto de Pauwels comienza con un relato de lo ocurrido en un encuentro entre editores de Perfil (entre los que también estaba Castro) y lectores. Allí el encargado del Correo de Lectores les dijo al público: “Mi función implica una apertura a escucharlos a ustedes”.

Párrafos adelante, la autora señala que “si tenemos en cuenta que el Código de Ética de Perfil señala que ‘el periodista que reconoce inmediatamente los errores aumenta su credibilidad, reduce las demandas judiciales’ y genera con esta actitud una mayor ‘confianza en lectores y entrevistados’ (Fontevecchia 1998, Mayo 10), era lógico suponer que al volver a editarse el diario en 2005 se insistiera en ofrecer un espacio para la exposición de los reclamos del público. Efectivamente éste apareció, pero no ya bajo la tutela de un Ombudsman, por lo menos durante los primeros meses”.

Agrega Pauwels que “la convocatoria para escribir en Perfil sorprendió al propio Castro, ya que según él mismo recuerda , cuando Fontevecchia cerró el diario en 1998 ‘escribí una nota muy dura en su contra’, que publicó la revista Veintiuno . En ella, Castro sostenía que ‘lo del diario Perfil fue más que un fracaso empresarial. Fue un engaño de la buena fe de sus trabajadores, de los lectores del medio. Y no hay derecho a actuar así’. Finalmente, Castro aceptó la propuesta y en la primera edición de la segunda etapa de Perfil explicó la importancia de las cartas de los lectores, ya que a través de ellas ‘se conocen hechos, proyectos y opiniones’ que ‘generan reacciones no sólo dentro del medio, sino también en el cuerpo social y en los dirigentes’. Instó además a los lectores a que ‘en su rol de ciudadanos’ sean ‘inquietos y críticos’ respecto de los ‘hechos que refleja un periódico y de los enfoques con que lo hace’. Esta actitud, explicó, permitirá ‘plasmar un periódico plural’ en el que haya lugar para la expresión de ‘posiciones distintas de las que reflejan los artículos’”.

La autora consigna que “no hubo mención alguna en esta columna inicial a la figura del Ombudsman” y señala que “esto recién se produjo ocho meses después, tras la asistencia de Castro en San Pablo (Brasil) a la reunión anual de la Organization of the News Ombudsmen –la entidad que agrupa a más de sesenta profesionales que realizan esta función en medios de distintos países-. En un artículo que reseñó su experiencia durante el encuentro, Castro se refirió a la ‘creciente tensión’ entre el poder y el periodismo, a la corrupción ‘que también existe en nuestra profesión’ y a la necesidad de la ‘prensa honesta y libre de mantener su credibilidad como elemento de sustento esencial para poder cumplir su rol social’. En este contexto explicó que la presencia del Ombudsman, “cuya función es la de crear un espacio de interacción permanente a través del cual se canalicen las observaciones y aportes críticos de los lectores, oyentes y televidentes, genera un ambiente de mayor transparencia’”.

Pauwels se pregunta: “¿Por qué demoró Castro en asumir públicamente que su función era la de Ombudsman si el Código de Ética de Perfil contempla la existencia de esta figura y ya en 1998 este rol había sido presentado como una de las marcas de distinción del diario?”. Y responde: “Castro explicó que fue una decisión propia, que ‘hubiera sido una presunción intelectual con poco fundamento’ ejercer como Ombudsman desde el primer número, y que ‘era necesario dejar que pase el tiempo para ver qué cosas erróneas se iban detectando’, porque si no su tarea se hubiera convertido en algo ‘abstracto’. ‘Esto tiene que ver con la dinámica de un proceso evolutivo. Lo primero era convocar a la gente a que escriba al diario (…) Ahora que el Correo se transformó en una estructura de interlocución válida y creíble para los lectores (…) va a haber un rol creciente mío en cuanto a actitud crítica al diario’, señaló Castro, para luego precisar que el rol del Ombudsman implica –también para él- ‘un aprendizaje’ porque ‘no hay muchos en el mundo’”.
Los lectores y sus cartas
La autora del artículo comenta que “a diferencia del Perfil de 1998 que presentaba en dos secciones diferentes las cartas de los lectores y la columna del Ombudsman, en la vuelta de 2005 ambos espacios aparecen unificados en el denominado Correo Central”.

Asegura que “el criterio que se sigue para seleccionar las cartas, según explicó el mismo Castro, es ‘dar la máxima preponderancia a las réplicas’, pero éstas ocupan tanto espacio que se ha pensado en ubicarlas en una sección independiente. Luego, aparecen las ‘opiniones críticas sobre los hechos informativos’ que se envían ‘al periodista responsable y éste toma a su cargo la respuesta’. Finalmente, también se da cabida a cartas que dan cuenta de ‘lo doméstico, lo cotidiano, la queja de lo que está pasando al ciudadano común’”.
La visión del rol del periodismo

“Si se analizan las cartas de los lectores que se publicaron en el Correo Central entre el 11 de septiembre de 2005 –día de la reaparición de Perfil- y el 9 de julio de 2006, lo que se observa en primera instancia es que lo que predomina son las opiniones del público sobre problemáticas de interés general: mal funcionamiento de organismos del Estado o servicios públicos, pedidos de ayuda, situación de los jubilados, de las cárceles y de los hospitales, comentarios sobre decisiones del gobierno, etc. Ante estos mensajes Castro da su opinión, promete derivar el caso al equipo de investigación del diario -si el tema lo amerita- o simplemente agradece”, explica el trabajo.

Aunque completa: “si nos concentramos en las cartas que aluden específicamente al rol del periodismo, ¿qué dicen los lectores? Para algunos sigue siendo ‘el único lugar que queda para efectuar un reclamo legítimo’ cuando ‘enfrentados a una situación crítica’ no cuentan con ‘el auxilio, la contención o la respuesta de quienes naturalmente deberían solucionar el problema’. Otros, destacan que los medios ‘cumplen la función de informar, aclarar, repensar, revelar’, que ‘son generadores de conocimiento y opinión’, ‘que una de sus facetas trascendentes es su perfil docente’ y que todavía la lectura de los diarios sirve ‘para nutrirse de datos ciertos y precisos’. En tanto, y en el otro extremo, están quienes opinan que ‘la prensa escrita está muy lejos de cumplir con el rigor que el oficio exige’ y que ‘tenemos en nuestro país publicaciones que se declaran libres a ultranza pero que censuran cualquier observación que se les haga’”.

Luego señala que los lectores del dominical “al referirse en particular a cómo ejerce el periodismo Perfil, muestran una continuidad con un rasgo que ya aparecía en las cartas de 1998: la exigencia al medio que demuestre en los hechos, y no sólo en el discurso, su apego a los principios éticos que prometió cumplir”. La autora afirma que “en este sentido, los lectores marcan explícitamente las desviaciones: ‘…por más que sean el diario más franco y crítico han cometido un acto de hipocresía casi imperdonable y me parece justo que emitan una disculpa pública si realmente son lo que aparentan ser…’ ; ‘…me permito llamar su atención para reflexionar acerca de lo que creo es un apartamiento por parte del diario Perfil de su proclamado ejercicio de periodismo puro…’ ; ‘…Perfil incurrió en algo parecido a una publicidad fraudulenta y por lo tanto cometió una falta de ética periodística…’”.

Sostiene Pauwels que “para algunos lectores, encontrar errores o contradicciones en el medio que leen termina por alejarlos (‘…me siento desilusionada, creía que Perfil iba a ser más objetivo, inteligente y veraz. Ahora pienso que es un petardista más…’; ‘…ésta no es la manera de informar, (…) es la manera de desinformar. Esta es ya la segunda carta que envío encontrando errores o desvirtuaciones de la información, estoy pensando en dejarlo de comprar…’; ‘…creí que Perfil podría marcar una diferencia. La edición del domingo terminó por romper mi ingenuidad…’). Para otros, en cambio, señalar las equivocaciones o los aspectos con los que desacuerdan forma parte de su rol como lectores y no necesariamente sienten que esto le quite al diario credibilidad (‘…reciban la crítica como de quien aprecia al medio y se toma la molestia de dirigirse para señalar un error…’ ; ‘…estoy convencido de la necesidad de alertar, aún frente a errores absolutamente involuntarios, a los efectos de que los lectores también pongamos nuestro pequeño grano de arena para disfrutar del mejor periodismo…’ ; ‘…a los que se los quiere también es bueno señalarles errores (…) Sigan siendo honestos, por favor’ )”.

Por último, dice la autora, a la hora de juzgar el rol de Castro, “los lectores coinciden en reconocer que ‘fue un acierto su designación’ y destacan su ‘trayectoria’, ‘idoneidad’, ‘perfil ético’, ‘conocimientos y sensibilidad’. En tanto, algunos no ocultan que la sección todavía los deja insatisfechos porque no ven reflejadas todas sus inquietudes (‘…mi anterior carta no la respondieron ni a través del diario ni por otra vía…’; ‘…es la segunda carta que le enviamos (…), el Correo Central a veces no alcanza (…) se llena respondiendo a representantes de empresas que no son precisamente quienes necesitan este espacio…’).

El trabajo rescata una anécdota: “El ‘enojo’ de un lector que consideró que el tema que proponía para investigar no interesaba al diario porque demoraban en contestarle, llevó a Castro a explicar que ‘hay un orden’ y que ‘la investigación seria demanda tiempo para poder chequear la información. Por lo tanto, cuando mi respuesta es que el tópico propuesto por la carta es remitido al equipo de investigación no es un mero formulismo para quedar bien y que luego todo pase al olvido’”.

Algunas respuestas de Castro
Según el artículo, “al momento de responder las quejas de los lectores –por las informaciones u opiniones publicadas en Perfil- la sección Correo Central presenta distintas variantes: algunos mensajes se publican sin ningún tipo de devolución por parte del medio o con un simple agradecimiento (36,4%), en otros Castro oficia sólo de nexo dando pie a la contestación del periodista o editor responsable de la nota cuestionada (28,1%) y finalmente hay ocasiones en que el propio Ombudsman asume un rol de árbitro manifestando explícitamente su posición ante el reclamo (35,4%). De esto se deriva que el 63,5% de las cartas comprendidas en el corpus analizado obtuvieron algún tipo de respuesta por parte de Perfil”.

En tanto, continúa, “si nos concentramos sólo en los casos en los que Castro intervino directamente se puede observar casi un equilibrio entre las veces que dio la razón al lector (35,2%) y las que, por el contrario, consideró que el medio había procedido en forma correcta (41,1%). En las otras ocasiones, adoptó una posición intermedia (11,7%) o realizó comentarios generales sobre el tema sin expedirse explícitamente sobre el motivo de la queja (11,7%)”.

Según la autora, “Castro coincidió, entre otros, con el lector que señaló que el diario tergiversaba declaraciones del intelectual Alain Touraine en un título. Al respecto, dijo que se trataba de un caso de ‘mala praxis periodística’ y que no era ‘infrecuente’ que ‘con la finalidad de atrapar al lector se pongan títulos gancho que después tienen poco o nada que ver con la nota correspondiente’. También dio la razón a la lectora que cuestionaba una volanta que al remarcar la nacionalidad extranjera de una detenida podía ‘extender prejuicios discriminatorios en relación con los ciudadanos de otros países’. La falta de chequeo de la información motivó otras dos quejas del público a las que Castro consideró pertinentes ya que ‘el periodista debe buscar la fuente calificada’. En tanto, también aceptó que el diario procedió mal al no avisar a los lectores que la foto que retrató a los periodistas que apoyaron a Perfil en su denuncia contra el gobierno había sido manipulada a través de programas de edición de imágenes. En este caso, si bien Castro descartó ‘deshonestidad’ por parte del medio –‘ya que todos los que aparecimos en la foto estuvimos en la presentación’- sí aceptó que el hecho ‘genera dudas atendibles y entendibles’.

De todas formas, dice Pauwels, Castro “defendió al diario cuando algunos lectores cuestionaron la inclusión de opiniones con las que no acordaban. En este sentido, explicó que ‘el pluralismo implica dar cabida a todas las posturas que se manifiestan alrededor de un tema’, tanto se trate de entrevistados como de los propios columnistas de Perfil ‘que tienen conceptos diferentes a los de su línea editorial’. En tanto, Castro rechazó la queja de la lectora que consideró que una nota sobre las compras de ‘joyas o carteras’ por parte de la senadora Cristina Fernández de Kirchner en Nueva York se trataba de una intromisión en la vida privada. Al respecto señaló que ‘la vida privada de los hombres y mujeres del poder es un dato de interés público’ y que ‘el valor de la nota es mostrar que mientras en su discurso la senadora (…) fustiga los males del menemismo (…) en los hechos a muchos de ellos los comparte’. También marcó diferencias con el lector que llamó la atención al diario por no ‘reconocer aciertos de los gobernantes’ al destinar sólo ‘un breve recuadro’ a la noticia sobre el superávit fiscal. Castro argumentó que el diario había dedicado un mes antes ‘una doble página’ a los ‘datos positivos de la economía’, rechazó que hubiera algún ‘sesgo en la elección de las noticias’ y recordó que ‘el compromiso del periodismo honesto es reflejar los hechos de la realidad tal cual son. Sobre estos hechos, después cada cual expresa sus opiniones’. En otra ocasión, refutó a quien consideró que era ‘un acto de hipocresía’ encontrar en el mismo ejemplar una nota crítica sobre una empresa que a la vez era anunciante en el diario. Explicó en este caso que, por el contrario, se trataba de una ‘muestra de independencia’ ya que ‘muchas veces las empresas ponen publicidad en determinados medios (con el fin) de estar protegidas de cualquier crítica a sus conductas’”.
Viajes pagos
Asegura la autora del artículo que “fueron dos las oportunidades en las cuales Nelson Castro invocó explícitamente que en su calidad de Ombudsman debía fijar una posición y éstas se correspondieron con lo que en el oficio de los Defensores se conoce como actuaciones de ‘motu propio’. En el primero de los casos el motivo fue la violación a uno de los artículos que contiene el código de ética. En el otro, se trató de un conflicto gremial del diario que halló en la sección Correo Central su lugar de exposición pública. Ambos provocaron una discusión que involucró a no sólo a lectores, periodistas y directivos de Perfil sino también a colegas de otros medios”.

Recuerda Pauwels que “la edición del 21 de mayo de 2006 del diario de Fontevecchia ilustró su tapa con la foto de uno de los gerentes de la empresa de pasta celulosa Botnia tomando agua del lago donde van los desperdicios de la planta, como forma de demostrar que no contaminan. La escena registrada por el periodista Silvio Santamarina había tenido lugar en Finlandia, donde funciona la sede central de la empresa que está construyendo una polémica fábrica en la ciudad uruguaya de Fray Bentos (…) La nota de tapa de Perfil –que se desplegaba en la sección política ocupando las páginas 8 y 9- mostraba más fotos, incluía las declaraciones del presidente de la firma y un texto que comenzaba diciendo: ‘Esta semana, la empresa Botnia decidió abrir por primera vez a la prensa argentina las puertas de su cuartel general…’ . Hasta allí la nota de Perfil no tenía muchas diferencias de las que publicaron ese mismo día otros diarios como Clarín, La Nación, Página/12 y El Cronista, los cuales también viajaron a Finlandia invitados por Botnia”.

Sin embargo, la autora destaca que “lo llamativo, en este caso, apareció en la sección Correo Central de Perfil, donde Nelson Castro invocó por primera vez su rol de Defensor del lector para fijar su desacuerdo con el proceder del diario. En un breve mensaje, que apareció sin su firma y sin ningún tipo de destacado -mezclado entre las cartas de los lectores-, Castro señaló: ‘…en mi calidad de ombudsman de los lectores de Perfil, debo hacerles conocer un hecho sobre el que quiero fijar mi posición. Silvio (Santamarina) viajó a Finlandia junto con un grupo de colegas argentinos de distintos medios que fueron invitados por la empresa Botnia que, por ende, se hizo cargo de pagar todos los costos de este viaje. Y más allá de haberse establecido que esto no iba a afectar ni condicionar la independencia del trabajo de Silvio, el hecho es incompatible con las normas de ética que pregona Perfil. Por lo tanto, la decisión editorial de haber aceptado esa invitación de Botnia merece mi crítica’”.

La autora asegura que “la polémica no finalizó allí”, ya que “en la edición siguiente el Correo Central reprodujo una carta que se sumaba al cuestionamiento que había hecho Castro. En ella un lector señalaba que la nota en Finlandia le había generado ‘más dudas que certezas’ y preguntaba: ‘¿cómo se asegura el diario que el periodista cuyo viaje ha sido pagado por Botnia no ha sido influenciado por la empresa?, ¿qué independencia tuvo para obtener material para su artículo?, ¿por qué no hay otras entrevistas y opiniones?’”.

El texto aporta una novedad desconocida sobre ese episodio. Señala que “el periodista Santamarina y el secretario de redacción Edi Zunino tuvieron oportunidad de dar respuesta a estas preguntas cuando el tema volvió a surgir, esta vez, durante el encuentro que Perfil organizó con sus lectores. Santamarina explicó que en el ámbito periodístico ‘este tipo de viajes no es algo totalmente fuera de lo común’ y que en esa oportunidad fueron con él ‘otros cinco o seis colegas de los diarios principales de Argentina’. La decisión de viajar –agregó- se tomó porque habían estado ‘muchos meses detrás de cualquier cosa que fuera algo parecido a una voz oficial de Botnia’, la compañía con esa invitación ‘daba vuelta meses de incomunicación’ y prometía mostrar las plantas. La limitación en este tipo de viajes, admitió Santamarina, ‘es logística’, ya que como la agenda la arma la empresa ‘no podés disponer de tiempo para moverte más libremente’, aunque aclaró que ‘no te están detrás todo el tiempo (como si fuera) una película de espionaje’. Como ejemplo, mencionó que Perfil entrevistó al líder sindical que encabeza en Finlandia las huelgas contra las industrias pastera y papelera, el cual ‘no tiene una visión muy acorde con la empresa’”.

Pauwels registró que “la polémica tomó mayor intensidad cuando durante ese mismo encuentro con los lectores, Castro anunció que entre los asistentes se encontraban dos colegas de otros medios que integran el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) y los invitó a dar su opinión sobre el tema”. Consignó que “María O´Donnell reseñó como se había discutido ‘muy ampliamente’ y con ‘distintas posturas’ dentro de FOPEA sobre los viajes pagos a periodistas e indicó que la mayoría terminó manifestándose en contra de aceptar este tipo de invitaciones (‘ya que por más que uno preserve su independencia es un viaje que paga la parte interesada’). En particular sobre Perfil, O´Donnell destacó la actuación de Nelson Castro por haberle exigido al medio que cumpliera con sus propios principios éticos, evitando así que éstos se conviertan ‘en libros muertos’ a los que ‘nadie les presta atención’. ‘Lo novedoso respecto de lo que vemos en el periodismo en general’, agregó, es que Castro marcó ‘la contradicción de un medio que asume públicamente un compromiso’”.

La autora añadió que “Pablo Mendelevich, también de FOPEA y periodista del diario La Nación, calificó de ‘revolucionaria’ la actuación de Castro como Ombudsman ya que ‘criticó al medio por una decisión neurálgica, no por una pavada’. ‘Es un tema ético central’, señaló, ‘y me parece muy saludable que Nelson haya hecho esa crítica y que el diario la haya publicado (…). Estos debates instalan el tema ético por el mejor camino que es no acusarnos unos a otros (sino reconocer) que hay un montón de fallas de funcionamiento del sistema que solamente se pueden mejorar en la medida que quebremos la lógica del sistema.

Lo único que lamento es que Perfil, que es un diario que quiere diferenciarse, no haya aprovechado esta oportunidad para quebrar el sistema’”. Pauwels sostiene que “las palabras de Mendelevich motivaron la inmediata respuesta de Zunino, el secretario de redacción de Perfil, quien dijo que el objetivo del diario no era ‘quebrar el sistema, sino informar’, que dadas las circunstancias ‘volvería a decidir que Santamarina viaje a Botnia’ porque ‘la única manera de llegar era no quedarse atrás de los otros medios que ya estaban invitados e iban a ir con mucha mayor comodidad, porque no tienen ‘los Nelson Castro’ que los molesten y les generen este tipo de debates’. Zunino concluyó diciendo que el tema de los viajes pagos a los periodistas ‘es polémico, es discutible, el riesgo de ensuciarse existe, (…) aclarar que uno no recibe un sobre por debajo de la mesa parece que oscurece, pero la cobertura –de Perfil sobre el tema de las pasteras- es mucho más que el viaje a Finlandia’”.

Por último, la autora consigna que “la opinión final sobre este debate la dio tiempo después el propio director de Perfil, Jorge Fontevecchia (2006, Julio 9), quien admitió públicamente que el diario había violado el código de ética: ‘hace dos meses, con mucha razón Nelson Castro nos llamó la atención por haber aceptado una invitación a Finlandia de la papelera Botnia. Nuestro enviado fue junto con los de Clarín, La Nación y Página/12 y otros medios, pero eso no nos exculpaba en lo más mínimo porque fuimos nosotros los que en nuestro Código de Ética asumimos el compromiso de no hacerlo. No cumplir con el Código de Ética una vez es un error; dos, comenzaría a ser un estilo’”.
Conflicto gremial
Sostiene el artículo que “Castro volvió a invocar explícitamente su ‘responsabilidad como Ombudsman’ el 9 de julio de 2006, en una columna que encabezaba la sección Correo Central y en la que informaba sobre la existencia de ‘una situación conflictiva dentro del diario entre el plantel de periodistas y la empresa’ ante ‘una demanda de mejoras salariales’”.

Añade la autora: “‘He tomado las siguientes decisiones’, dijo Castro, ‘expresé mi solidaridad a los colegas y comuniqué a las partes en conflicto que, dado que mi función es independiente de ambas, me corresponde informar a los lectores de su evolución’. A continuación indicaba que su sección reproducía la lista de pedidos de los trabajadores, las opiniones de los colaboradores de la sección Cultura y del periodista José Eliaschev sobre este tema e indicaba en qué páginas del diario los lectores podían leer la posición del dueño del medio, Jorge Fontevecchia y del columnista Jorge Lanata. Además, aclaraba que como forma de protesta los periodistas habían decidido no firmar sus notas y que en solidaridad habían adherido también a esta medida ‘figuras’ del diario como Magdalena Ruiz Guiñazú, Víctor Hugo Morales y Gonzalo Bonadeo. En consecuencia, explicó Castro, sus ‘artículos no se publican’ porque ‘de acuerdo con lo que prescribe el Código de Ética del diario’ cada nota debe ir con su correspondiente firma”.

Comenta luego Pauwels que “de esta forma los lectores de Perfil se enteraron que los trabajadores reclamaban, entre otras cosas, un salario mínimo de 1800 pesos, aumento del pago por antigüedad, del valor de los tickets para comprar comestibles, de la asignación por guardería, del pago real de las horas extras al 100% y la efectivización de todos los colaboradores. También, que el periodista Pepe Eliaschev se solidarizaba con sus colegas pero no coincidía con ellos en quitar las firmas de los artículos porque ‘le hace daño a la fuente de trabajo en estos momentos en los cuales asistimos a una feroz embestida del Gobierno contra el periodismo libre’. En tanto, los colaboradores de las secciones Cultura y Espectáculos avisaban que se habían enterado ‘de manera repentina y tardía’ del reclamo cuando ya habían entregado sus notas firmadas.

El periodista Jorge Lanata también recurrió al envío de una carta a Nelson Castro para expresar su posición. Apelando a su experiencia como fundador de otro diario (Página/12) apoyó esta vez al director de Perfil haciendo, en primer lugar, una crítica a los periodistas en general (‘…somos corporativos y tan corruptos como los políticos…’), luego a las empresas del sector (‘…no cuento ninguna novedad si digo que existen las notas vendidas, los reportajes arreglados, los suplementos especiales con sobre incorporado y, desde las empresas, la explotación de los estudiantes como mano de obra esclava, la violación de los derechos de autor, etcétera…’) y finalmente al convenio gremial (‘…maravilloso cuando sos periodista. Pero muy difícil de cumplir cuando intentás llevar adelante una empresa en la vida real…’). Finalmente, Lanata calificó de ‘saludable’ la exposición de este conflicto ante los lectores y destacó: ‘nunca vi, ni aquí ni en el exterior, un debate de este tenor abierto al público’”.

La autora agrega que “Fontevecchia, en tanto, expresó la posición de la empresa. Apeló en su argumentación a contar cómo se había conformado la redacción, cómo fue ascendiendo el salario promedio que el diario pagaba a los periodistas y paralelamente cómo descendieron los ingresos por publicidad a pesar del ‘permanente aumento de la circulación’. Invocó los efectos económicos que tiene en su empresa el enfrentamiento con el gobierno, el cual –consideró- utiliza la publicidad oficial como ‘censura sutil’. Además, planteó que la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) habría aprovechado el conflicto sindical de Perfil para pegar carteles en contra de la editorial”.

Sostiene el artículo que “la polémica por este tema continuó tres semanas más, esta vez teniendo como protagonistas a los lectores, quienes tomaron partido por los trabajadores o por la empresa. Nelson Castro explicó en la edición del 16 de julio que fue ‘enorme el número de cartas’ que recibieron sobre este tema y que por ello habían decidido ‘publicar una doble página extra del Correo’. Informaba además que ‘el conflicto había encontrado un cauce de conciliación y solución’ y que por ello el diario volvía ‘a la normalidad con la presencia de las firmas de todos los redactores y columnistas’”.

Conclusiones
Entre las extensas conclusiones que Pauwels vuelca en su artículo, señala que “la aceptación por parte de Castro de que su rol es en efecto el de Ombudsman –hecho que se produjo a ocho meses de la reaparición de Perfil- no implicó hasta ahora grandes modificaciones en su proceder ante las cartas que recibe: la prioridad sigue siendo dar lugar a la expresión de los otros –lectores y periodistas- por sobre la suya. Contribuyen a esta característica razones de espacio (las cartas se citan extensamente, sobre todo si se trata de réplicas), el formato elegido (que sigue el orden mensaje-respuesta) y la ausencia de una columna propia, en la que tal vez pudiera volcar un análisis mayor de los temas planteados. Aparece como rasgo positivo de esta organización de la sección el hecho de que los lectores puedan ver reflejada –con la menor edición posible- sus propias ‘voces’, a la vez que involucra directamente a los periodistas que deben responder los reclamos. Sin embargo, si se tiene en cuenta que los integrantes de la redacción, por lo general, tienden en sus explicaciones a rechazar la pertinencia de las quejas del público, se hace necesario que aparezca allí también el Ombudsman, que en su rol de ‘árbitro’ dará su parecer ante una disputa de posiciones”.

Sostiene que “si se tiene en cuenta cómo trabajan los Ombudsmen en diarios de otros países y se lo compara con lo que hace Castro, vemos que éste último involucra en su sección cuestiones que los otros excluirían, porque exceden sus competencias. Se trata de las cartas de los lectores que tratan temas de interés general (educación, salud, gobierno, etc.), las que plantean diferencias con artículos de opinión o las que manifiestan problemas de distribución del diario. Los Ombudsmen, en su mayoría, restringen sus atribuciones a los cuestionamientos sobre el contenido informativo del medio y si reciben cartas de otro tipo las derivan. En Perfil, se ha unificado en una sola sección todas estas funciones, por lo que termina resultando escaso el espacio. Tal vez, si se diferenciara en distintas secciones las cartas que deben ser respondidas por la redacción porque contienen cuestionamientos hacia el medio, de aquellas que expresan opiniones sobre temas de actualidad se haría aún más clara la función del Ombudsman”.

Dice Pauwels que “retomando el planteo inicial que mostraba la existencia de opiniones contradictorias sobre el rol del Ombudsman en los medios y teniendo como ejemplo concreto su aplicación en Perfil, podemos señalar que este mecanismo de autorregulación ha permitido mantener constante el debate entre periodistas y lectores acerca de qué y cómo se informa. Sin embargo, es preciso señalar que aún aquellos que confían en que la figura del Ombudsman puede contribuir a una relación más saludable entre los públicos y los periodistas advierten sobre el exceso de expectativas, ya que la sola presencia de este rol en la redacción no la convierte automáticamente ‘en infalible’ (Restrepo 2003). Su efectividad –como la de toda función pedagógica- no siempre se ve a ‘corto plazo’ y depende en mucho ‘de la voluntad de cambio de directores, editores y periodistas’ (Rey 2003)”.

Y finaliza: “La vuelta del Ombudsman a Perfil plantea, entonces, una nueva oportunidad a la que habrá que darle tiempo para que evolucione y para que, como dijo Castro durante el encuentro con los lectores, permita llevar al periodismo argentino efectivamente ‘por un camino novedoso’”.

DsD 18 - 1 - 2007
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