| Stella Martini, Maxwell McCombs, Eduardo
Aliverti y Mario Wainfeld |
Académicos y periodistas cuestionan
la
cobertura mediática de “la inseguridad” |
Algunos periodistas argentinos
consideran que los “académicos” que opinan sobre el periodismo, difícilmente
podrían sentarse en sus escritorios y realizar lo que ellos proponen.
Y varios catedráticos -aunque no lo digan públicamente- están convencidos
de que experimentados hombres y mujeres de prensa manipulan informaciones,
títulos y opiniones ignorando teorías que desde hace años están plasmadas
en libros que nunca leyeron. Es la clásica tensión entre periodistas
y teóricos, una relación difícil de reconciliar. Precisamente por
ello, DsD presenta hoy varios textos sobre el tema “inseguridad”,
en el cual se pueden observar que unos y otros, muchas veces coinciden
desde ópticas distintas.
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| Las
portadas de Clarín y La Nación del 7 de febrero con
el tema "inseguridad", la referencia de la Presidenta en
tapa de Clarín y los libros citados. |
El jueves 7 de febrero los diarios Clarín y La Nación coincidieron
en editar su título principal de tapa con el tema “inseguridad”. El
primero imprimió “Crece la protesta por la inseguridad, ahora en Junín”
y el segundo “Crisis en el gabinete de Scioli por la inseguridad”.
Menos de un mes antes de que Cristina Kirchner asumiera como presidenta,
el 19 de noviembre del año pasado, Clarín ya había advertido, también
desde su espacio central de tapa que “Crece fuerte la demanda contra
la inseguridad”. En los últimos días los casos de inseguridad sumaron
títulos de tapa en ambos diarios. Y el miércoles 20 de febrero, los
diarios consignaron la frase de la presidenta Cristina Kirchner en
un acto de entrega de patrulleros a la Policía Federal: “No se puede
ignorar la demanda de la sociedad en seguridad”.
Diario sobre Diarios presenta hoy dos textos académicos que, desde
una mirada crítica, intentan desentrañar cómo construyen informativamente
los medios la “inseguridad” y cuál es la agenda del delito en los
diarios.
El primer texto al que se hace referencia es de Stella Martini, Doctora
en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, profesora
de Teorías sobre el Periodismo y de Teoría y Práctica de la Comunicación
II, en la Carrera de Ciencias de la Comunicación e Investigadora del
Instituto Gino Germani, en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad
de Buenos Aires. Es autora de los libros “Periodismo, noticia y noticiabilidad”
(Buenos Aires, Norma, 2000) y de “Los que hacen la noticia. Periodismo,
información y poder”, junto a Lila Luchessi (Buenos Aires, Biblos,
2004).
El artículo del que aquí se reproducen algunos párrafos lleva como
título “La prensa gráfica argentina: reflexiones sobre la calidad
periodística, la información ‘socialmente necesaria’ y la participación
ciudadana en las agendas sobre el delito”, que analiza el tratamiento
de la “inseguridad” en los diarios Clarín y La Nación. Fue publicado
en el libro “Periodismo de calidad: debates y desafíos” que impulsó
el Foro del Periodismo Argentino (FOPEA) a fines del año pasado como
colofón de su Congreso sobre calidad periodística. El libro fue editado
por la editorial La Crujía y contó con el auspicio de la empresa Petrobrás.
Quienes quieran leer el artículo completo, lo pueden descargar
aquí.
El segundo material al que se hace referencia es el libro “Estableciendo
la agenda” de Maxwell McCombs, que fue editado por Paidós en 2005
y su temática está referida a casos internacionales en que los medios
de comunicación establecieron la agenda pública. McCombs es uno de
los padres fundadores de la tradición investigadora de la teoría llamada
“agenda-setting” y ostenta la cátedra J.H. Jones en la Universidad
de Texas, Austin, Estados Unidos.
Para que se pueda observar que la preocupación por cómo los medios
instalan en la agenda la “inseguridad” no es sólo una materia de estudio
en las academias, también se reproducen aportes publicados en Página/12
por los columnistas Mario Wainfeld y Eduardo Aliverti.
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| Modos y tiempos de la instalación de la agenda policial |
Según Stella Martini, “a partir de 1986, el diseño de las agendas
policiales de La Nación y de Clarín se va asemejando al actual
y se corresponde con su expansión hacia las tapas en espacio destacado
y con titulares dominantes. Las crónicas van apartándose de la
información judicial y se centran en la descripción detallada
del hecho delictivo, incluyen formas narrativizadas, resultan
ocasión para asegurar la amenaza a la ciudadanía en La Nación,
y tienen rasgos sensacionalistas en Clarín. Sin embargo, el delito
se presenta como una tendencia que no alcanza el carácter de riesgo
generalizado”.
Sin embargo, acota, “en 1999 se identifica una ruptura con la
noticia tal como se la construye desde la vuelta a la democracia.
En ambos diarios la nota policial se hace capital en juego explícito
durante la campaña presidencial, constituyendo una agenda relevante
y espectacular sobre el delito en el país, que está en coincidencia
con uno de los temas enfatizados por los candidatos de la Alianza,
coalición opositora, tal como se verifica en las coberturas de
los seis meses últimos de la campaña. Hay un incremento del total
de esas noticias que los diarios publican en sus tapas”.
La autora expone a continuación dos gráficos que ratifican su
hipótesis.

Martini apunta que “se identifican fuertes diferencias con las
tapas de cuarenta años antes, cuando la espectacularización de
la noticia no es una estrategia productiva de los diarios: las
cifras de aparición en tapa muestran en La Nación una frecuencia
que va desde ningún día sobre 30, en 1963, a 28 sobre 30, en 2003,
mientras que Clarín pasa de publicar 3 notas en tapa en 1966 a
9 en 1986 y 15 en 1999”.

Para Martini, “el diseño de tapas es elocuente: su relación
directa con los procesos políticos a partir de 1999 confirma la
tendencia que indica la instalación del tema en la agenda de modo
definitivo y su carácter de variable en el accionar político.
Siguiendo la lógica del análisis anterior, la baja en la frecuencia
de aparición en tapas en el mes de diciembre responde al momento
de asunción del nuevo gobierno”.
La catedrática afirma que “se hacen noticia hechos en los que
son víctimas individuos de la clase media, profesionales, pequeños
comerciantes, familias enteras, policías. El crimen presiona sobre
la capacidad de gobernancia. Desde entonces, la cobertura noticiosa
del delito no dio vuelta atrás. La prensa dice que la ley y el
orden ya no son garantía de tranquilidad social”.
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| Las lógicas de la noticia policial en la prensa de referencia |
Párrafos más adelante, Martini observa que “el periodista trabaja en la investigación de los hechos más cercano al accionar policial y judicial, que constituye su fuente primaria y privilegiada de información. Es desde allí como puede procesarla y legitimar su autoridad sobre el tema, pero son esas mismas fuentes las que obturan su acceso a la información ya que en toda investigación judicial rige el secreto de sumario”.
Asegura también que “en los últimos años, la falta de credibilidad en la justicia ha dificultado su comunicación con la sociedad y ha posibilitado la mayor legitimidad de las voces de fuentes secundarias no oficiales en la noticia. La Nación y Clarín recurren habitualmente al testimonio como discurso supuestamente irrefutable recogido en un trabajo de campo que incluye la observación del lugar y las impresiones del periodista, los relatos de los vecinos y de los familiares o las mismas víctimas. En esa tarea, investida del valor de ‘haber estado allí’, propia de la antropología, la crónica policial cobra un valor referencial muy alto porque revela aparentemente a su público los modos del quehacer periodístico y afirma su capacidad investigativa. Pero además suma el propósito de esforzarse por cumplir con la labor de mantener informado a su lector a quien invita a seguir en tiempo real el desarrollo de los acontecimientos y las pistas. La verificación de la información es a veces limitada por la urgencia del cierre, de modo especial cuando el hecho relatado no tiene una relevancia notable”.
La catedrática opina en otro tramo de su artículo que “los delitos que son motivo de alerta social y por el que grupos de vecinos se auto organizan para prevenirse reciben el mismo tratamiento espectacular pero incluyen la reflexión editorial, las estadísticas- propias del medio o de consultoras-, los mapas del delito, los consejos para evitar ser victimizado, las historias de vida de sobrevivientes y en el caso de La Nación la apelación urgente a las instituciones para resolver el estado de inseguridad”.
Martini sostiene que “la amenaza se instala con marcas concretas que avisan sobre la proximidad y la casi inevitabilidad del crimen mientras el relato expone el padecimiento ajeno. Los índices de espacio y tiempo son el primer motor para la alarma, la proximidad o familiaridad geográfica aumenta el riesgo porque no hay lugares ni horarios seguros, según los relatos de los diarios, que denuncian el estado de vulnerabilidad de la ciudadanía”.
En relación a los matutinos más importantes, la catedrática afirma
que “ambos diarios apuntan al impacto sobre la población aunque con
propósitos y modalidades diferentes de titulación, comparten la afirmación
de la veracidad de las encuestas, como fuente inobjetable, y adjudican
un alto grado de homogeneidad a la opinión pública cuando dice sobre
su sensación de inseguridad. Las diferencias responden a los pactos
que cada uno de ellos mantiene históricamente con su lectorado, y
que tienen en el sensacionalismo un termómetro suficientemente claro:
si Clarín se sostiene en el horror del hecho relatado, La Nación lo
hace en el escándalo ciudadano, por eso no precisa enfatizar sobre
detalles escabrosos”.
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| Una táctica: la argumentación desde el sensacionalismo |
Martini asegura que “en ambos diarios (Clarín y La Nación), la noticia policial no se aparta de la herramienta retórica original de la prensa popular en el género, el sensacionalismo, pero lo maneja desde una reformulación que se puede relacionar con el contrato de lectura que cada uno de ellos mantiene con su público y a la participación de estas noticia en el circuito temático de la comunicación política. La noticia apela a la reacción emotiva y a la conmoción del lector como individuo y como actor social y está en estrecha conexión de sentido con las notas de opinión y editoriales que llaman a la reflexión ciudadana”.
A la hora de puntualizar sobre los diarios, Martini afirma que “La
Nación construye una escena de reflexión cruzada con el pietismo y
la admonición propia de su estilo pedagógico- político, como se viera
en el ejemplo sobre la marcha convocada por Blumberg en abril de 2004.
Clarín, que hace del coloquialismo, la anécdota y las formas narrativizadas
su estilo habitual en otras secciones, construye imágenes de alta
exposición del sufrimiento y el daño sobre los cuerpos”.
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| Valor de la noticia y calidad periodística |
Para la catedrática, “aunque se acepte que la noticia policial responde al incremento en cantidad y calidad del delito en el país, los modos en que los hechos son instalados en la agenda de los diarios destinados a los sectores medios y altos –los que pueden resguardarse y hacerse escuchar por instituciones, partidos políticos y el mismo periodismo-, distan de ser una representación relativamente objetiva de la realidad. Y esto porque cada hecho criminal tiene una densidad difícil de conservar al editarse como nota periodística. Como relato, la noticia sobre el delito está atravesada por todas las variantes de la subjetividad social y apela a la subjetividad individual, por tanto, recorta, elije un tema, desarrolla una serie, elije los protagonistas, construye héroes y villanos”.
También señala que “la noticia sobre el delito propone una imagen global de la realidad del ámbito nacional sin diferenciar entre la diversidad y calidad de los hechos y sumando día a día las primicias que la investigación periodística o las fuentes policiales revelan, preocupada por construir ella misma una primicia. No siempre aparece la reflexión sobre la necesidad social de muchas de las crónicas publicadas. Cuando los medios en su conjunto coinciden en la gravedad del problema delictivo, la cantidad de crónicas y su grado de espectacularización confirman la legitimidad de la existencia de esa agenda”.
Martini agrega que “la noticia sobre el delito adquiere un triple valor: es advertencia, mito y capital en la apuesta política e incluye el cuestionamiento de la Justicia y el debilitamiento de las funciones y atributos ciudadanos, que se atemorizan ante ‘olas’, ‘espirales’ y ‘escaladas’ de violencia. Se asume que cada uno de los diarios construye una imagen y un propósito periodístico. La Nación responde a una función de pedagogo y propulsor de una idea de nación y apunta a las instituciones y a los actores del poder. Clarín, con otra propuesta periodística y con un interés de alcance masivo, hace su interpelación horizontal al lector como ciudadano con los datos para que éste interpele a su vez a sus representantes”.
Martini concluye que “las agendas policiales de ambos diarios exigen
si no un rediseño, que es tema de la propia gestión empresaria del
medio, una reflexión profunda sobre su relación explícita con la práctica
política y los modos en que son relatadas”.
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| La inseguridad en Texas |
En el libro “Estableciendo la agenda”, Maxwell
McCombs relata un caso estudiado en Texas, Estados Unidos, sobre la
correspondencia en el tratamiento que los medios le dieron a casos
de inseguridad, con las estadísticas oficiales sobre crímenes.
McCombs comienza el artículo afirmando que “en los años 90 se volvió
a dar el caso de que el proceso de establecimiento de agenda en un
tema de preocupación pública operaba con extrema independencia de
cualquier realidad subyacente”.
Afirma el autor que en el año 1992 cuando la encuesta anual de la
consultora Gallup preguntó en Texas cuál era el problema más importante
que enfrentaba el país, “sólo el 2% designó a la delincuencia”. McCombs
se asombra porque para otoño de 1993 la cifra saltó al 15%, mientras
que a principios de 1996 el 20% de los encuestados señalaba a la inseguridad
como el problema crucial de Estados Unidos.
McCombs afirma que “irónicamente, durante el mismo período de tiempo,
mientras la preocupación pública por la delincuencia crecía hasta
niveles inusualmente elevados, las mediciones estadísticas de la realidad
criminal indicaban que el índice de delincuencia, en realidad, estaba
bajando. Por supuesto, una probable fuente de esa creciente preocupación
pública, en el momento de una delincuencia a la baja, fueron las noticias
sobre delincuencia de los medios informativos”.
McCombs revela que el estudio realizado “documenta también un patrón
de intensa cobertura informativa de la delincuencia a finales de 1993,
en 1994 y 1995, en dos de los principales periódicos tejanos, el Dallas
Morning News y el Houston Chronicle. En todos los períodos de tiempo
hay más artículos sobre delincuencia que durante el verano de 1992,
cuando pocos integrantes del público expresaban preocupación por el
crimen”.
El autor, luego de un “detallado análisis” del estudio realizado,
afirma que “se comprobó que un patrón de incremento de la cobertura
de la delincuencia en los principales periódicos de Texas tenía su
reflejo en la opinión pública posterior. A lo largo de dos años y
medio, la correlación entre la tendencia en la preocupación pública
por la delincuencia como uno de los principales problema sociales
y el patrón de cobertura informativa de la delincuencia fue de un
alto grado de correspondencia”.
McCombs finaliza el artículo con un párrafo contundente. Afirma: “Mucho
antes de que los medios de comunicación contemporáneos estimularan
la preocupación para la delincuencia en las mentes del público, había
un axioma del periodismo sensacionalista de principios del siglo XX
que rezaba: ‘Dame treinta minutos en una comisaría para hojear los
informes policiales y te daré una oleada de crímenes’. En resumen:
la inseguridad ciudadana y la preocupación por la delincuencia como
problema social tienen mucho más que ver con la agenda mediática que
con las realidades de la delincuencia en el vecindario, el área metropolitana
o el conjunto del país”.
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| Los aportes de Wainfeld y Aliverti |
El domingo 17 de febrero, Mario Wainfeld escribió
en Página/12:
“La inseguridad encabeza las preocupaciones ciudadanas
en muchos países, incluso los de esta región devastada por muchos
otros flagelos sociales. Ya se sabe, es esquiva la relación entre
los vaivenes de la tasa de criminalidad y los de la percepción de
inseguridad. A partir de una interesante investigación promovida
por el Ministerio de Justicia de la Nación (publicada en El delito
en la Argentina post crisis VVAA, 2007), el especialista Elías Carranza
escribió ‘en el corto plazo la percepción del delito por parte de
la población y las tasas reales de criminalidad mantienen autonomía
y con frecuencia contradicción entre sí (...) por lo general la
sensación de inseguridad disminuye con bastante posterioridad al
decrecimiento del delito’. El saber experto es una sutileza que
no suele horadar la coraza de muchos comunicadores y que sólo barniza
la visión de muchos dirigentes”.
Agregó:
“Los delitos son un issue formidable para los medios
audiovisuales, que de pálpito transforman un caso en una tendencia.
Es un tópico de cronistas y entrevistados mofarse de las disquisiciones
sobre la ‘sensación de inseguridad’ tras la comisión de algún ilícito.
Ese sentido común es charro y desatinado. La ecuación personal de
la víctima no describe un marco general ni le concede saber en datos
exóticos a su conocimiento”.
En tanto, el lunes 18 de febrero Eduardo Aliverti se preguntó:
“los medios vuelven a registrar un orondo paso
de ‘la inseguridad’ como tema prioritario... ¿de qué? ¿De lo que
en verdad más inquieta a la población en su conjunto? ¿De la amplificación
mediática, sobre una base de realidad que lo es pero no tanto y
que hasta podría serlo bastante o mucho menos? ¿De que ya parece
una fórmula matemática la relación inversamente proporcional entre
cantidad de noticias de delitos y ausencia de información política
de peso?”.
Luego señaló que
“si uno se deja llevar por la carga de los noticieros
radiofónicos y televisivos, más los programas de periodismo político
e interés general que en las últimas semanas se dedican al asunto
con fruición, más funcionarios como Macri y Scioli que insisten
en tener policía propia o más policía todavía, más la virulencia
de los mensajes de oyentes, vuelve a parecer que hay una situación
delictiva descontrolada”.
Concluyó que
“como muy bien lo apuntó la jueza de la Corte, Carmen
Argibay, en una entrevista reciente: uno se levanta, prende la radio,
le hablan de un asesinato (o robo, secuestro, violación, toma de
rehenes, no importa), a lo largo del día, obsesivamente, los medios
reproducen y amplían información sobre el mismo hecho; 25, 50, 100
veces, todo el tiempo, y al cabo del día uno termina creyendo que
hubo 25, 50, 100 asesinatos. Pero no. Hubo uno solo. El mismo asesinato
que dijo la radio a la mañana”.
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| DsD 20 - 2 - 2008 |
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