 | Vida, trayectoria y pasión de uno de los profesionales más importantes de Mendoza Feliz Día del Periodista, Ambrosio  | | Ambrosio García Lao, “un simple periodista”. (Foto: gentileza de sus familiares). |
Con motivo del Día del Periodista, Diario sobre Diarios (DsD) reconstruye hoy la vida del mendocino Ambrosio García Lao, uno de los más destacados de esa provincia. Hay muchos García Lao en nuestro país: nunca trabajaron en los grandes medios porteños; nunca fueron autoreferenciales; no hicieron marketing con su profesión ni fueron requeridos para opinar sobre sus propias trayectorias. O sea, lo que siempre fue ser un “simple periodista”, como lo recuerdan actualmente sus familiares. Para Ambrosio y para todos los García Lao que estas líneas sean un Feliz Día del Periodista.
Ambrosio García Lao falleció en 1983. Lejos de la Argentina que veía nacer un incipiente proceso democrático. Pese a que su tarea en el periodismo televisivo mendocino y en menor medida en el gráfico aún la recuerdan quienes visten canas y en menor medida los profesionales más jóvenes, su historia no fue aún reconstruida y hay muy poco de su vida y obra en la web. Hasta hoy.
Para reconstruir la historia de Ambrosio García Lao, DsD, recurrió a los testimonios de una de sus hijas, María Gabriela García y su viuda María del Amor González, quienes hoy residen en Buenos Aires. También se consultó a periodistas mendocinos que trabajaron con él.
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Primeros pasos “Nací en la segunda habitación, del primer patio, de una casa ubicada a una cuadra de la plaza de Navarro, Provincia de Buenos Aires, a las 6:15 del 21 de octubre de 1926. (Todos estos datos los averigüé luego; la casa es fácil ubicarla porque tiene una placa. Claro que la placa no hace referencia al suceso de aquella madrugada de 1926 sino a la actual existencia de una mueblería, con la que no tengo nada que ver)”. Así definió su nacimiento el propio Ambrosio García Lao, según dijo en una entrevista publicada en 1963 en la revista mendocina “Franco Cuyo”.
Fue un pionero de la televisión argentina y uno de los más importantes y reconocidos periodistas de Mendoza, donde ejerció la mayor parte de su carrera. Sobre la profesión, un día reflexionó: “Cuando me conocí ya había comenzado a ser periodista. Me di cuenta de que soy naturalmente curioso. No puedo vivir sin estar informado”.
Antes de darse por vencido con diversas carreras universitarias, García Lao había hecho sus primeras incursiones periodísticas en la Escuela Normal Tomás Godoy Cruz donde, junto con dos compañeros, publicaba el periódico “Páginas Nuestras”.
Terminado el colegio, García Lao intentó seguir tres carreras universitarias: Filosofía y Letras, Ciencias Políticas e Ingeniería, sin poder concluir ninguna. Hasta que en 1953 empezó a trabajar en el diario “La Libertad” en donde, recuerdan sus familiares, encontró definitivamente su vocación.
Más adelante pasó al tradicional diario mendocino Los Andes del que fue despedido por un conflicto gremial (su viuda recuerda que “un gremialista había sido expulsado del diario y Ambrosio organizó una cena de desagravio. Lo echaron a él también. Siempre estuvo muy dolido por esto”). A partir de allí, fue asistente de actividades culturales en la Universidad Nacional de Cuyo, cronista de El Tiempo de Cuyo, y también trabajó en Radio Nacional y Radio Libertador. También fue corresponsal en Mendoza de la revista Confirmado de Buenos Aires, que dirigía el mítico Jacobo Timerman.
 García Lao durante la composición de una página de un diario.
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El hombre de Canal 7
Pero el salto al conocimiento público lo pegó cuando ingresó en Canal 7. Sus familiares afirman que Abelardo Vázquez, directivo de la emisora, le dijo: “Usted es la persona que yo buscaba” y lo introdujo en el noticiero de Canal 7. Recuerdan también que “el jefe del noticiero tuvo que empujarlo para que accediera a salir en cámara”.
En Canal 7 García Lao adquirió popularidad entre los mendocinos como “el señor que presenta noticias por TV” y por sus programas periodísticos, que según recuerdan hoy periodistas de esa provincia, “tuvieron muchos elementos innovadores para lo que era la televisión de la época”. En sus programas se debatieron, con gran repercusión, los temas políticos y sociales de la provincia y no había dirigente político que se rehusara a participar de las emisiones.
Hizo allí un programa de entrevistas titulado “Lo que dura un cigarrillo” y luego lanza uno periodístico titulado “Chist, venga conmigo”, que versaba sobre temas de la actualidad escritos con ironía y agudeza. El ciclo se convertiría inmediatamente en el más exitoso y popular programa de la televisión de Mendoza.
Para estos emprendimientos, creó “García Lao Producciones”, la firma que se encargaba tanto de la producción periodística como de la logística y los archivos de sus programas. Por sus emisiones en Canal 7 recibió dos premios Martín Fierro en el rubro “periodístico”.
Sus familiares recuerdan que “en agosto de 1974 estaba de viaje en Buenos Aires cuando se enteró, por los titulares de los diarios, que el gobierno de Isabel Perón iba a estatizar los canales de televisión y las productoras que trabajaban para ellos. En un principio sintió cierto alivio porque ser empresario no era su fuerte. Lo que no sabía era que esas estatizaciones se llevarían a cabo con una metodología acorde con un robo”.
Agregan que “de su productora sólo conservó la Lexicon 80, su máquina de escribir. No quiso llevarse el vasto archivo de filmaciones que él había creado ni cámaras ni micrófonos porque eso hubiera ‘interrumpido el servicio del noticiero’”. Además de confiscarle la productora, el Gobierno de entonces lo echó de su puesto de Director de Noticieros en Canal 7. El argumento para echarlo fue que “representaba lo anterior”. Su último noticiero, recuerda su viuda, lo leyeron Marcelo Romanello y él con un militar apuntándolos detrás de cámara con una ametralladora. A partir de entonces, entró a trabajar en LV10 Radio de Cuyo, además de dar clase en la escuela de periodismo y trabajar en una revista mendocina.
 García Lao frente a las cámaras de Canal 7 de Mendoza.
Dictadura y exilio
La llegada de la dictadura militar fue un hito importante en su carrera. La hija de García Lao consultada por DsD recuerda que la intervención castrense en la provincia, le ofreció la dirección de la Escuela de Periodismo local, “pero aclarándole que su función principal como director era echar y/o vigilar al personal docente y no docente y alumnos del establecimiento. El militar le mostró una lista con todos los empleados y alumnos, junto a cada nombre había un puntito de color. Los que tenían el puntito rojo debían ser echados, los que tenían el puntito azul debían ser vigilados. Con toda la diplomacia posible, papá rechazó la oferta”.
Agrega que “sin embargo, no lo dejaron ir. El militar salía de la habitación, lo dejaba solo un rato largo, volvía a entrar y le hacía el ofrecimiento de nuevo. Papá volvía a rechazar la oferta y se repetía la escena de nuevo. Estuvo horas allí sentado y pensó que no salía vivo de allí. Pero pudo salir, quizá le jugó a favor el desconcierto de las autoridades al encontrarse con una persona que tenía ética. O quizá, cuando salía el funcionario militar, hacía llamadas y alguien decidió que en ese momento no era conveniente llevárselo”.
La hija de García Lao recuerda que su padre “nunca fue un hombre de izquierda, más bien, como muchos mendocinos, tenía una orientación conservadora”. Pero “lo que hizo imposible su connivencia con la dictadura fue su ética, a la que nunca dejó de lado”.
Gabriela rememora: “este episodio (el del ofrecimiento de los militares y su rechazo) fue el detonante para tomar la decisión de irse del país a donde pudiera ejercer periodismo. El era conservador pero absolutamente democrático y creía de verdad que el periodista tenía que ser independiente y objetivo. Cualquier otra cosa era una traición al oficio”.
Así fue como partió hacia España. Con 50 años “y una mano adelante y otra atrás”, llegó a Madrid a empezar de cero.
Encontró trabajo rápidamente en Radio Televisión Española. Su abultado currículo, su humildad y su personalidad le hicieron encajar inmediatamente y neutralizar cualquier tipo de hostilidad de quienes temían por el aluvión de profesionales argentinos que ingresaba al mercado laboral español.
Fue recibido por el director de Radio Exterior de España que le pidió como prueba que escuchara la radio y escribiera un informe con su opinión. Así lo hizo, y luego las autoridades le pidieron que le diera forma periodística a notas de especialistas sobre diversos temas, desde economía a artes pasando por ciencia o deportes. En dos días las presentó y le comunicaron que estaba contratado y que sus notas ya habían salido al aire, aunque nadie le había avisado.
Entró como colaborador, corrigiendo el material de otros y más tarde lo contrataron para la plantilla estable de la emisora. Así pudo escribir su propio material aunque nunca más salió al aire ya que era condición fundamental para ello hablar “con acento español” (pese a que la emisión era para América Latina).
Sus familiares recuerdan hoy que “tampoco se le cayeron los anillos cuando le recomendaron que para avanzar profesionalmente debía tener el título español de periodista. Con más de 20 años de carrera y dos ‘Martín Fierro’ a sus espaldas, se inscribió como alumno en la Universidad Complutense de Madrid. Al poco tiempo de conocerlo, los profesores sentían vergüenza de tomarle examen y le hacían concurrir por simple formalidad”.
“Un simple periodista”
Su hija y su viuda afirman que “jamás demostró añoranza por la fama que había tenido en su pasado en Mendoza. Y si acaso tuvo en algún momento melancolía de su ‘gloria’, también tuvo la fortaleza de no demostrar semejante debilidad. Era uno más y parecía disfrutarlo sinceramente. Amaba estar donde se cocinaban las noticias. Si era en calidad de jefe o de empleado, no le importaba en absoluto. Quizá porque nunca fue un ‘famoso’ ni una ‘estrella’ ni un ‘privilegiado’ ni nada más que un simple periodista”.
García Lao murió a la orilla del mar Mediterráneo, el 11 de agosto de 1983, frente a Gandía, una pequeña ciudad de la costa de Valencia. Sus restos descansan en el Cementerio de la Almudena de Madrid. Aunque él parezca reírse aún de la muerte. En el reportaje de 1963 antes citado, había dicho al respecto: “Morirse es crear una serie incontable de molestias y gastos para todos, menos para el occiso. Y no hay derecho a aprovechar que uno está muerto para crear todos estos problemas, con la excusa de que uno ya no es responsable”.
¿Se puede leer hoy algo de García Lao? Hay una nota firmada en el diario El País de España en ocasión del cumpleaños número 80 del escritor argentino Jorge Luis Borges en 1979.
Aún hoy es posible leer algo de su pluma.
 García Lao luego de la obtención de un Martín Fierro.
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