 | Revelaciones del libro de Hugo Alconada Mon, periodista de La Nación El caso de “la valija de Antonini” y la historia periodística de su filtración a la prensa  | | El periodista Alconada Mon y el protagonista del caso, Guido Antonini Wilson. (foto: Johnn Watson Riley) |
Se trató de uno de los casos emblemáticos del gobierno de Néstor Kirchner. Los diarios editaron series con el asunto en sus títulos principales. Y sus repercusiones no cesan hasta el día de hoy. Sin embargo, la cantidad industrial de información, nombres y circunstancias pueden haber generado alguna confusión seguida de desinterés en los lectores. Por este motivo, DsD destaca que un libro recrea el caso. Como se filtró a la prensa. Edgardo Alfano y el rol de otro periodista acreditado en Ezeiza. Y la opinión del autor de la obra sobre la cobertura periodística del escándalo. El caso conocido como “la valija de Antonini” fue uno de los escándalos mediáticos, con implicancias políticas y con acusaciones de supuesta corrupción, más resonantes del gobierno del ex presidente Néstor Kirchner, cuyas repercusiones llegaron hasta los primeros meses del actual mandato de Cristina Fernández.
Desde que estalló el caso, un periodista progresivamente se fue destacando, sobre el resto, por su cobertura. Hugo Alconada Mon, por entonces corresponsal en Washington del diario La Nación, jamás debió imaginar que tendría una oportunidad así al reemplazar meses antes a su colega Jorge Rosales. Sin embargo, hubo otros aportes y tareas destacables en esa cobertura: el propio Alconada Mon destaca algunas de ellas en su columna para el DsD, “Montaña Rusa” que se puede leer aparte
A lo largo de todo el lapso, en que el caso se mantuvo en la agenda mediática, Alconada Mon accedió a información exclusiva, entrevistas a los protagonistas y personajes secundarios de la historia, documentos secretos, infidencias políticas, conversaciones grabadas y mails con datos explosivos. Coronó su cobertura con una entrevista al propio Guido Antonini Wilson, que fue la única que el venezolano cedió a un medio argentino.
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El libro Hace dos meses, su investigación para La Nación se convirtió en el libro “Los secretos de la valija” de Editorial Planeta. El texto impacta por la cantidad de información allí expuesta, por el sustento que cada dato tiene en las distintas “notas al pie”, en las cuales el periodista demostró una absoluta rigurosidad en el manejo de las informaciones, a riesgo de entorpecer el ritmo de lectura.
La obra reúne toda la información que los lectores de diarios recibieron de manera fragmentada en el día a día. Esos datos integran un relato apoyado por una historia de fondo que tiene todos los condimentos de una buena novela de ficción: valijas con dinero, espionaje, mujeres seductoras, intriga política, agentes de inteligencia, periodistas y rufianes de variado pelaje.
Otro de los méritos del libro es el acceso que el periodista tuvo a conversaciones de los principales implicados en el hecho no desclasificadas por el FBI. Lo hizo –según señala- a través de una de los profesionales de una de las defensas del juicio que se llevó adelante en Estados Unidos.
El caso además tuvo una particularidad que complicaría cualquier investigación periodística: sucedió en Argentina, pero involucró a Uruguay, Venezuela y Estados Unidos. A todos esos países y otros más, viajó Alconada Mon en busca de información.
El caso disparó una serie de especulaciones a las que el periodista no escapa.
Por ejemplo, en el prólogo se plantea todas las opciones que se barajaron en el inicio del escándalo al preguntarse:
“¿Fueron esos dólares parte de un clearing bancario, aéreo y clandestino que coordinaban funcionarios en Caracas y Buenos Aires para repartir los sobornos cobrados en los negocios bilaterales? (…) ¿Fueron esos dólares ‘sembrados’ por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en una operación magistral de Estados Unidos en su obsesión por ensuciar a Hugo Chávez y, de paso, impedir la victoria electoral de Cristina Fernández de Kirchner? ¿O hubo una ‘entrega’, una ‘ofrenda’ de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) a los norteamericanos, tal como sospechan (Néstor) Kirchner y muchos otros desde entonces?”.
Y añade otros interrogantes que abordará en las páginas siguientes:
“¿Fueron esos dólares un aporte de Chávez a la campaña de su aliada argentina? ¿Para qué necesitaba ella de los dólares bolivarianos? ¿Acaso su marido no había ejercido el poder durante los cuatro años anteriores?”.
El libro no abunda en un ángulo del complicado caso: el relacionado con la “versión oficial” de los hechos, según la cual se trató de una operación de inteligencia, y que Antonini fue “dirigido” por los agentes del FBI una vez que comenzó a colaborar con ellos. Es decir, un relato impulsado por las fuerzas de seguridad de Estados Unidos para deteriorar la relación entre Venezuela y Argentina.
La versión no es desechada en el libro, pero tampoco investigada en profundidad. Es cierto que todo lo que pudo haber dicho Antonini una vez que comenzó a grabar sus conversaciones puede haber sido dirigido por el FBI. Lo importante entonces, no es tanto lo que dice “el gordo” sino lo que recoge de sus interlocutores. Y en eso también reside el valor del libro. Ya no sólo es el “agente encubierto” del FBI el que da cuenta de la historia, sino los principales protagonistas del caso que se relacionaron con él y hablaron en confianza sin saber que estaban siendo grabados.
DsD prefiere que sobre el fondo del libro, sean los lectores los que saquen sus propias conclusiones.
En el mismo sentido, esta Zona Dura está destinada a dar respuesta a uno de los tantos interrogantes que dejó el caso: cómo se filtró la información de la detención por parte de la PSA y la Aduana de la comitiva que integraba Antonini Wilson. Cuando DsD editó en diciembre de 2007 en este espacio una nota en donde se señaló que la “corrupción” entró como tema de agenda recién en el último año del gobierno de Kirchner, se consignó que en el caso Antonini, el periodista de TN, Edgardo Alfano, fue quien primero difundió la detención del venezolano con su valija repleta de dólares estadonidenses.
El libro de Alconada Mon, revela nuevos detalles de la filtración de la noticia. Los datos, desconocidos hasta hoy, conforman apenas una “microhistoria” dentro de la gran historia que aborda. Y es una anécdota periodística que explica cómo muchas veces la información se hace pública de las formas más extrañas.
Presentamos también una columna del propio Alconada Mon, a pedido de DsD, en donde el periodista relata su visión de la cobertura del caso en los diarios porteños, en la que –con generosidad no habitual en el medio- destaca la labor de algunos colegas de otros matutinos.
Por último, DsD desea destacar la aparición de libros de investigación periodística firmados por jóvenes periodistas de distintos diarios y revistas que contribuyen a renovar el panorama de la investigación en los últimos años.
Nuevas generaciones de distintas redacciones están dispuestas a forzar los límites que imponen los diarios (entendiéndose como límites, no sólo el espacial) y publicar investigaciones que vayan más allá del día a día.
Por ello es sumamente valioso que surjan nuevas investigaciones. Además de la de Alconada Mon, se pueden inscribir en esta línea, El Club K de la Obra Pública (del ex Clarín, Pablo Abiad), Hablen con Julio (de Francisco Olivera y Diego Cabot, ambos de La Nación que luego sumaron la biografía de Guillermo Moreno El Buen Salvaje), El Coti (de Darío Gallo y Gonzalo Álvarez Guerrero, uno ex Perfil y otro aún en esa empresa), Los Di Tella (de Nicolás Cassese) y Gracias Néstor (de Lucio Di Matteo).
También se pueden incluir en la lista a El Doctor (una biografía de Mariano Grondona, firmada por Martín Sivak), SIDE (de Gerardo Young de Clarín, que luego sumó una biografía de Luis D´Elía), El hombre del camión (una biografía de Hugo Moyano, escrita por Mariano Martin y Emilia Delfino) y El último peronista (biografía de Néstor Kirchner escrita por el editor de Clarín, Walter Curia).
Son sólo algunos ejemplos, seguramente falten algunos.
Una tendencia que, más allá de los juicios que se tenga sobre las obras, renueva el panorama de la investigación periodística en el país.
También hay que destacar que la mayoría de esos periodistas son ajenos -al menos hasta aquí- al esquema de pautas privadas o públicas, sea mediante programas de radio o TV que conduzcan y/o produzcan. Tampoco ostentan newsletters propias con información que no publican en los medios en los que trabajan.
Es decir, son periodistas.
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Montaña rusa
Por Hugo Alconada Mon
Los dos años que insumió la investigación sobre “el caso Antonini” resultaron una montaña rusa de emociones y una experiencia profesional muy enriquecedora. No sólo por lo que obtuve de información sobre ese escándalo hemisférico, sino por lo que aprendí y absorbí de los medios de comunicación en tres países.
Para empezar, la investigación me permitió conocer o profundizar vínculos con decenas de colegas en la Argentina, en Venezuela y en Estados Unidos, entre otras naciones. Con algunos cotejé información y con otros discutí. Con varios compartimos alegrías y decepciones, y un par me guiaron. Y con unos pocos más, dos años después, puedo decir que hoy somos buenos amigos, algo no tan usual en nuestro oficio.
Hubo muchos colegas, además, que aún cuando los medios en los que trabajaban no publicaron demasiado sobre Antonini –o difundieron versiones confusas o tendenciosas-, me alentaron por email o por teléfono a avanzar en la senda que recorría, incluso aportándome nuevas pistas, cuando no teléfonos de fuentes potenciales.
Colegas de medios gráficos, de radio y de televisión. De la Argentina y de Venezuela. Hubo otros colegas más que abrieron camino.
Tanto Norberto Dupesso como Edgardo Alfano, en TN, al dar la primicia; como Jorge Lanata, desde el diario Perfil. Él fue el primero que alertó sobre la posible presencia de más dólares que los US$ 790.550 detectados en aquel vuelo. Lo publicó el 12/8/07 y a mi me tomó trece meses hallar dos fuentes independientes entre sí que me confirmaran lo que él había planteado como posibilidad.
O Alberto Amato, en Clarín, que reconstruyó la madrugada del decomiso de manera fidedigna ese mismo 12/8/07, como verifiqué al releer su texto casi 15 meses –y muchas fuentes- después.
No fueron los únicos. También Gabriel Sued, desde La Nación, reconstruyó el camino que siguió Claudio Uberti desde que salió del Aeroparque y detectó que el entonces funcionario ingresó a la Quinta Presidencial de Olivos.
Un trabajo notable que luego le permitió a Juan Cruz Sanz, desde Perfil, dar otro paso: determinó que quien recibió los llamados de Uberti aquella madrugada fue el secretario privado del entonces presidente Néstor Kirchner.
Sé que remarco sólo unos pocos nombres entre muchos que colaboraron para desentrañar, siquiera en parte, qué pasó en realidad, en especial en La Nación y Perfil, y luego Crítica.
Lo lograron más allá de la confusión deliberada que promovieron los gobiernos de la Argentina y de Venezuela. Sobra decir que hubo medios y colegas que se sumaron a ese esfuerzo de tergiversación. Algunos, con deliberada intención; otros, sin saberlo, como tantas veces nos pasa –y me incluyo-, al “comernos” las versiones oficiales de tantos hechos o anuncios. Este esfuerzo por confundir, sobra decir, tampoco es algo exclusivo de los Kirchner o de Hugo Chávez. Siempre ha sido así. Desde que todo gobierno no quiere que se filtren verdades incómodas.
En este caso, lo incómodo fue el vuelo y el encubrimiento que siguió. Porque la valija no era de Guido Alejandro Antonini Wilson, hubo más valijas voladoras y muchos más vuelos.
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La filtración
Relata Alconada Mon en el libro que el lunes 6 de agosto de 2007 “un periodista que trabaja hace más de dos décadas en Ezeiza, Norberto Dupesso, recibió el mensaje de una fuente alertándolo de que algo raro había pasado durante la madrugada del sábado. Pero fue la reacción de otra fuente, a la que llamó para verificar, la que le permitió medir que se trataba de algo grande”.
Según el libro, ante la consulta de Dupesso, su segunda fuente le respondió “¿Cómo te enteraste? Es un tema top secret. Hay reserva absoluta”.
“En cuanto cortó –añade el libro- le envió un e-mail al gerente de noticias de Canal 13 y la señal de cable Todo Noticias, con el título: ‘Avión con sorpresas’, y comenzó a buscar más datos junto a Edgardo Alfano y otro colega”.
En una llamada, Alconada Mon agrega otros datos: “Dupesso, quien tiene su propio portal de noticias aeroportuarias en http://airportnewsezeiza.com, evita precisiones sobre aquella primera fuente”. Dupesso le dijo al autor del libro: “Es una persona que no trabaja en un organismo público, amiga de muchísimos años, por eso habló conmigo. Eso es todo lo que puedo decir”.
Páginas más adelante, el libro cuenta que a pocos días de la detección de la famosa valija y cuando aún no habían trascendido a la prensa los primeros detalles, seis de los protagonistas del caso (entre ellos Antonini Wilson) se fueron a cenar al restaurante “La Rosa Negra” de San Isidro.
Subraya Alconada Mon que “los seis festivos comensales ignoraban que la tormenta mediática que los tendría como protagonistas durante el siguiente año y medio con la filtración de lo que había ocurrido casi 48 horas antes, en el Aeroparque”.
Agrega: “El puntapié inicial ocurrió poco después de las 19, cuando el periodista Edgardo Alfano lanzó la primicia por la señal de cable Todo Noticias. La información ganó cierto impulso con el correr de loas horas, pero no lo suficiente como para que el sexteto recibiera o escuchara algún alerta”
Y en la llamada correspondiente a ese capítulo, aporta nuevos datos de la filtración y la construcción mediática de la noticia.
“Alfano –sostiene- periodista del canal de cable TN y Radio Continental contó con la primicia en el noticiero de las 19. Sostuvo que la Aduana, más que la Policía de Seguridad Aeroportuaria, descubrió a un venezolano que intentaba ingresar al país por Aeroparque con US$ 800.000 sin declarar”.
Agrega: “Dupesso, su colega que al parecer obtuvo los primeros datos sobre el incidente, coordinó con Alfano y el gerente de noticias Carlos D´Elía para recabar más información sobre lo ocurrido, pero optó por mantenerse en un segundo plano, temeroso de que en represalia le quitaran una credencial que le permitía moverse por el aeropuerto, tal como aún sostiene que terminó ocurriendo meses después por ese incidente u otro conocido como ‘los abrevalijas’”.
La noticia había comenzado a circular y Alconada sostiene que “tras el primer alerta noticioso de Alfano en TN, los demás medios comenzaron a indagar sobre lo ocurrido. Así, la agencia DyN emitió un cable que el diario La Nación subió a su website a las 21.56 y otro diario argentino, Clarín, al suyo a las 23.11”.
A partir de allí, el “caso de la valija” impactaría con fuerza en las tapas de los diarios. Y como una buena novela de suspenso, terminó editado en forma de libro.
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