Se suman Página y Ambito
Al día siguiente, los diarios Página/12 y Ámbito Financiero se sumaron a las críticas mundialistas.
En Página, Emanuel Respighi firmó una nota titulada “De cómo rellenar con ‘color’” con la bajada “Con el poco contacto de los jugadores argentinos con la prensa, los equipos de periodistas (y otras yerbas) que mandaron los canales de aire y de cable recurren al chiste o la ‘cháchara’ para cubrir los carísimos minutos de satélite”.
Señaló que en los canales abiertos de TV “la clave para ir metiendo a la gente en clima mundialista es el humor. Sin llegar –por ahora– al vergonzoso nivel de estupidez de Corea-Japón ’02 y Alemania ’06, donde los cronistas exportaron la peor cara del ser argentino”.
Para Respighi, “la cobertura de Telefe elige mostrar lo exótico de la cultura y las costumbres africanas con ojos del argento canchero primermundista, nunca mejor representado que por los periodistas deportivos enviados por el canal”.
En ese sentido, ejemplificó: “Basta ver los informes de Queijeiro en AM, donde la gracia es hacer chistes sobre los hábitos del lugar o mostrar sus estrategias para seducir mujeres, o los que la dupla Paolosky-Carlos produce con inimputabilidad habilitante para Telefe Noticias (desde el chiste obvio de asociar objetos con jugadores hasta enseñarles a bailar y a hacer gimnasia a los sudafricanos en medio de la calle) para entender por qué en el exterior el argentino es tan ‘querido’”.
Concluyó que “con el agregado de Diego Korol y Yayo Guridi en Diario del Mundial, a la medianoche, el trío se convierte en un quinteto tan difícil de digerir que al lado de ellos hasta Tití Fernández y Marcelo Benedetto parecen periodistas argentinos presentables”.
Por su parte, Ambito Financiero, en sus tradicionales “Avatares de la TV” que publica en la portada de su suple de Espectáculos, señaló que “los canales abiertos enviaron decenas de personas, entre ellas, futbolistas, noteros, humoristas, actores y en algunos casos también periodistas, que hace semanas abruman con informes como ‘Por dónde caminarán los jugadores cuando ingresen a la cancha’ o hasta combinan recetas de cocina con el Mundial”.
También fustigó al programa “Caiga quien Caiga”. Dijo que desde allí “enviaron a Clemente Cancela y Gonzalo Rodríguez. El primero intentó hacer una nota distinta y buscó mostrar el lado tedioso y pesado de viajar a Sudáfrica. Resultó evidente que se trataba del único material que tenía hasta el día de la emisión del programa (lunes). Abrió con su viaje en avión y mostró una escalera dentro de la nave, ‘pero nosotros vamos al fondo a la derecha, con el lumpenaje’. También aportó ‘Esto es como una lata de sardinas, viajamos mal’ (…) Luego se dedicó a mostrar el trámite de migraciones, el carrito con equipaje, el diálogo con el guía durante el trayecto entre el aeropuerto y el hotel. Y cerró con el trámite de acreditación, como si algo de todo esto interesara al televidente. Atrás quedaron las épocas de un CQC con notas medianamente ingeniosas”.
Página insiste; se suman Perfil y El Cronista
Entre el 13 y el 14 de junio, volvieron las críticas a la cobertura televisiva. Página aportó una columna y luego hicieron su aporte Perfil y El Cronista.
El domingo 13, Eduardo Fabregat firmó en Página una nota titulada “La jungla de los medios” en la que señaló: “La vida online con Sudáfrica deja muchas enseñanzas. Entre ellas queda la algo absurda convicción de que el campo del comentarismo futbolístico es una ciencia inexacta relativamente fácil de dominar. Se arranca de un principio básico: no es necesario tomar las características más serias del comentarista con experiencia. Hay que ser frescos, instalar un estilo nuevo, aunque en ese estilo no haya mucho espacio para el conocimiento futbolístico y a veces la cosa derrape hacia la payasada”.
En otro párrafo aseveró que “el análisis previo de un partido, del mismo modo, es un ítem que no debería ofrecer demasiadas complejidades. Uno de los recursos más extendidos es enarbolar un mismo concepto, aplicándolo a ambos equipos. Por ejemplo: ‘Si el equipo A mete un gol en los primeros diez minutos, el equipo B deberá adelantarse en el terreno de juego y A sacará partido del contraataque. En cambio, si el equipo B mete un gol en los primeros diez minutos, el equipo A deberá adelantarse en el terreno de juego y B sacará partido del contraataque’. Con adornos y florituras, esta pieza de sabiduría bien puede ocupar unos cinco minutos de previa, dejando de paso la impresión de que el comentarista se ha incendiado las pestañas frente a un pizarrón con forma de cancha”.
Ese mismo día, el dominical Perfil incluyó en su suple de Espectáculos una crítica al programa “Diario del Mundial” que se emite por Telefé (inaccesible desde la web). La nota la firmó Saula Benavente y señaló que “a mitad de la semana Korol consiguió que Maradona le regale su campera negra y, con semejante detalle, salvaron la noche. Al otro día cruzaron a Dalma para seguir con el tema. Y Korol también se divirtió con una lapicera-espía (minicámara de video) que se la fue dando a distintos personajes para que graben nimiedades tras bambalinas”.
En otro párrafo, consignó que los periodistas Fernando Carlos y Walter Queijeiro se ocuparon de la cobertura desde Pretoria. Dijo que ambos cronistas “tienen a cargo segmentos de humor y notas de color: a Queijeiro lo mandaron de Shopping donde encontró emocionado stickers de River y Boca, y se detuvo en unos ‘lindos pulovercitos’ y muchas calzas ya que ‘las africanas hacen hincapié en resaltar la cola’”.
Agregó que “en cuanto al humor propiamente dicho arman unas especies de sketches estudiantiles como el robo de la copa o patear penales en un diminuto arco. Todo se festeja en vivo desde Johannesburgo”.
Por último, afirmó que el periodista de ese ciclo, Germán Paoloski confesó ante la cámara que “extraña el bidet” y se preguntó: “¿Para qué esa información?”.
En tanto, el lunes 14, Pablo Hecker publicó en El Cronista una columna titulada “La argentinidad en Sudáfrica”, en donde aseguró que “las quejas en cámara de los periodistas argentinos que fueron a cubrir el Mundial se han convertido en un tema también. Gente grande, en algunos casos con vasta experiencia en viajes, quejándose por tener que cubrir la Copa es muy gracioso. Por momentos parece que la están pasando pésimo y, como si fueran chicos, quisieran volver”.
Añadió que “se acostumbraron mal después de los cómodos mundiales de Alemania 2006, y Corea/Japón 2002. Odian Sudáfrica, un país subdesarrollado donde entre otros males, la inseguridad es peor que en casa. A los enviados especiales les molesta todo”.
Entra a la cancha La Nación; vuelven Hipercrítico y Ámbito
El miércoles 16 el columnista especializado en TV de La Nación, Marcelo Stiletano firmó una nota titulada “Un mundial signado por las dificultades en la pereza” en donde afirmó que “a diferencia de Alemania 2006, es imposible moverse con libertad y holgura para los equipos televisivos a altas horas de la noche por tierras sudafricanas. En este sentido, podría decirse que los televidentes argentinos salieron ganando. No tienen que padecer esta vez trasnochadas coberturas que llegaron cuatro años atrás al colmo de ver a un par de ex entrenadores desvariando frente a alguna mascota de tamaño natural”.
Pero para el columnista “el consuelo es magro” ya que “las notas de color emitidas en directo o grabadas a la luz del día pretenden ser ingeniosas u ocurrentes, pero en realidad lo único que hacen es dejar al descubierto una vez más que varios enviados entienden el privilegio de estar en el Mundial con todos los gastos pagos y cámaras a su servicio como si se tratara de un tardío viaje de egresados. Sobre todo cuando dejan de mostrar escenas de la vida cotidiana en Sudáfrica durante el Mundial para convertirse insólitamente ellos en los protagonistas de las notas”.
Tuvo lugar para el elogio y señaló que “a veces la pantalla se ilumina y muestra cosas interesantes. ESPN (una vez más, por lejos, responsable de la mejor cobertura deportiva) mostró imágenes de Robben Island y la prisión en la que Nelson Mandela pasó 27 años. Canal 7 se acercó al Museo del Apartheid e hizo lo propio”, pero consideró que es “muy poco frente al predominio de un estado de pereza que lleva a muchos a quedarse en el lugar más cómodo y cercano, el parador de una marca de cervezas instalado en el estadio donde jugó nuestro seleccionado su primer partido”.
Unos días después, el 22 de junio, Llonto volvió a criticar a sus colegas de la TV. Desde una nota titulada “La impunidad”, afirmó: “Se sabe que a la hora de los Mundiales de Fútbol, o de los torneos internacionales que se disputan fuera de la Argentina, hay periodistas que cultivan el parasitismo tanto como la cobardía. El objetivo inmediato de estos periodistas no es informar, ni opinar. El objetivo es recibir, algún día, la Medalla de Honor al cómico”. Y ejemplificó: “Las anacrónicas pretensiones de originalidad se sintetizan en dos cuestiones centrales: el color de la piel y los chistes de Perogrullo acerca de una hipertrofia machista”.
Luego volvió a cargar contra Pagani, “de quien habla medio país futbolero comentando aquellos cinco minutos de furia destilada, que servirán para coronar su viejo anhelo de ser un personaje en la TV, como Sofovich, como Porcel, como Tinelli, como Nimo”.
Párrafos después criticó al periodista de Clarín y TyC porque “concede reportajes para transmitirles a los lectores que su principal preocupación es no tener sexo por 40 días y advertir sobre las mujeres sudafricanas diciendo que hay ‘un diez por ciento de gente aceptablemente estética’”.
La última crítica a la televisión incluida en este relevamiento, fue publicada, nuevamente por Ambito en sus “Avatares de la TV”.
“En CQC –señaló- no sólo exhibieron las típicas notas del mundial, con noteros que intercambian camisetas o lentes con los jugadores o se cubre el desenfreno de los hinchas, sino que además aportaron otros elementos. Gonzalo Rodríguez y Clemente Cancela registraron el tradicional safari para ver animales salvajes, y se sorprendieron por el intenso tráfico de automóviles, que hizo la visita menos dinámica. El resultado fue poca variedad de especies animales, una serpiente alrededor del cuello de Rodríguez y el juego de Cancela con dos leones recién nacidos. También vieron un tucán”.
Y sobre el final descargó la crítica más ácida: “No acertó Cancela cuando llegó hasta la casa donde Nelson Mandela había vivido antes de ser detenido en 1952, pues privó al televidente de lo más interesante. La nota ofrecía un costado más cultural y sociológico de Soweto, célebre región de Johannesburgo testigo de varias matanzas producto del odio racial. Pero cuando Cancela se dispuso a ingresar a la casa de Mandela y preguntó cuánto costaba la entrada (150 dólares), consideró que era demasiado caro. El resultado: decepcionantes imágenes desde afuera, además de la aplastante chabacanería de la nota”.
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