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Dura: 26 de abril de 2011
I al DsD I |
Cómo Clarín y La Nación produjeron un giro en sus portadas Un “cambio cultural”, con fuerte impacto periodístico Algunos medios de comunicación abren sus espacios al debate sobre el “cambio cultural”, que describió en primer lugar Beatriz Sarlo. Pero ninguno de ellos se pondrá a analizar el impacto que el “cambio de clima” ya produjo sobre los dos grandes: Clarín y La Nación. DsD presenta aquí los primero cambios, que nadie le contará al lector de matutinos.
Al revés de lo que se supone que deben hacer los periodistas, los intelectuales tienen la licencia de poder incluir, en los artículos que publican en diarios o revistas, afirmaciones sin necesidad de fundamentarlas, ni de consignar los datos o fuentes de las que surgieron. Desde ya que se presume que en sus trabajos académicos no es así, pero en sus opiniones periodísticas priman las impresiones personales, las percepciones en base a lo que ven y leen en los medios y los comentarios que escuchan en los ambientes culturales por los que transitan.
Que los intelectuales opinen desde su mero convencimiento interno, no implica necesariamente que sus palabras sean sólo opiniones livianas de los diversos aspectos de la realidad. Por el contrario, se presume -y allí radica el supuesto valor o interés- que expresan los pensamientos de diferentes elites políticas, económicas y culturales con las que interaccionan, en general a través del asesoramiento. O bien, que hablan desde un saber en las ciencias sociales y que recogen las impresiones de los espacios de conocimiento a los que están vinculados, como las distintas universidades, facultades y centros de estudios.
Desde hace dos meses, se difunde a través de los medios de comunicación un debate que se está dando en algunos campos culturales, sobre un supuesto “cambio de clima” político en el país. Según algunos, se produjo tras la muerte de Néstor Kirchner; según otros, era un fenómeno que venía ocurriendo desde hace tiempo y que se catalizó en los festejos del Bicentenario, pero que los grandes medios minimizaron o no hicieron visible debido al enfrentamiento con el Gobierno nacional.
Se trata de una discusión que si bien a primera vista aparece como inasible, ya tuvo repercusiones periodísticas importantes, como se verá más adelante. Y esas incumbencias en la profesión provocaron, a la vez, reacomodamientos políticos, que como un círculo (el lector sabrá si es vicioso o virtuoso) volvieron a impactar en la realidad mediática.
Diario sobre Diarios (DsD) presenta aquí una breve reseña del debate en el plano intelectual y las reacciones que produjo en las empresas periodísticas, los giros, las nuevas señales y otras aristas del fenómeno. En el primer tramo del presente trabajo se plantearán los aportes teóricos y en el segundo se articulará esa polémica en relación al periodismo y los medios de comunicación.
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El debate intelectual El 4 de marzo, la ensayista Beatriz Sarlo publicó en La Nación una nota titulada “Hegemonía cultural del kirchnerismo”. En la que afirmó, entre otras cosas, lo siguiente:
“El candombe ‘Nunca menos’, que se escucha durante las trasmisiones del programa oficial Fútbol para Todos, no es una pieza cualquiera de la agitación y propaganda kirchnerista. No se lo puede sumar a la serie de afiches, avisos de televisión y otras muestras convencionales o previsibles de ese dispositivo que emplea mucha gente y gasta mucha plata. Es más que cualquiera de esas piezas publicitarias. Desde el título, ‘Nunca menos’, se pone en línea con dos palabras que han marcado el último cuarto de siglo: ‘Nunca más’. Este sería, entonces, el gobierno que no retrocede en su política de derechos humanos y ha hecho propia la expresión que dio título al informe de la Conadep, creación de Raúl Alfonsín. Y sería también el gobierno que no retrocede en políticas sociales. Con la conjunción de ‘nunca más’ y ‘nunca menos’, el kirchnerismo alcanzó una fórmula sintética y de gran impacto. Cristina Kirchner, su comité central y la juventud kirchnerista son la síntesis de esos dos ‘nunca’.
Tengo, por primera vez, la sensación de que así se expresa una hegemonía cultural no simplemente en el vago sentido de llamar hegemonía a cualquier intento de dirección de la sociedad, sino a una trama donde se entrecruzan política, cultura, costumbres, tradiciones y estilos”.
Dos días, después, el 6 de marzo, Horacio Verbitsky sumaba desde Página/12: “Reutemann se compromete a apoyar al candidato a la presidencia que decida el PJ nacional; José Manuel de la Sota pondera el desempeño del gobierno nacional; Luis Juez se baja del tractor y descubre que algunas cosas están mal pero otras están muy bien; Maurizio Macri anuncia que no piensa formar pareja electoral con el ex senador Eduardo Duhalde ni aliarse con el Peornismo Federal; el gauchito gil no se cansa de hacer señas hacia el campamento del que en mala hora desertó; las cámaras patronales agropecuarias o industriales que apostaron al desgaste y caída del gobierno a duras penas logran conservarse más o menos unidas, igual que las instituciones eclesiásticas. Eso explica también la resignación de Beatriz Sarlo a la 'hegemonía cultural kirchnerista' en su columna del viernes en La Nación”.
Días más tarde, la doctora en ciencias políticas, María Esperanza Casullo, escribió en el sitio web (afín al oficialismo) Artepolítica:
“Acá, en Artepolitica, hace meses, sino años, que venimos diciendo ‘es la hegemonía, estúpido’. O, para decirlo de otra manera, que lo que importa es el amor. Y ahora coincide Beatriz Sarlo. Y si lo dice Sarlo, debe ser así, nomás.
Me parece que la mentada hegemonía kirchnerista se reduce a esto: no hay, hoy, un lugar culturalmente atractivo desde el cual ser antikirchnerista.
Al decir que la política es hegemonía, Gramsci estaba diciendo que la política es, no sólo economía y sociedad, sino también cultura (antes que Gramsci, lo había dicho Aristóteles. Pero bueno, Aristóteles dijo todo antes que todos, así que no hay sorpresa ahí). Un movimiento político debe hacer más que crear ciertas condiciones económicas y sociales para trascender. Debe interpretar, o inclusive crear, un cierto clima de época, un zeitgeist. Debe interpelar a la sociedad desde un lugar de complicidad cultural, de atractivo, de deseo en definitiva. A esto me refiero con ser lograr ser culturalmente atractivo”.
El 24 de marzo, en Perfil, el semiólogo Eliseo Verón, se refirió al artículo de Sarlo, pero desde un enfoque opuesto. Señaló:
“Sarlo retoma la noción gramsciana de ‘hegemonía’, a la que califica de ‘creencia indispensable y misteriosa’ y se la adjudica sin dudar al actual gobierno (el artículo se llama ‘La hegemonía cultural del kirchnerismo’). Bueno, no me parece claro decir que la hegemonía cultural es una creencia; es más bien una metodología de ejercicio del poder, que sólo es eficaz en el tiempo si genera creencia. Pero el deslizamiento no es casual: el artículo contiene apreciaciones sobre efectos de identificación y de creencia que resultarían de las operaciones de propaganda del Gobierno (particularmente el candombe ‘Nunca menos’) que a mi juicio no expresan otra cosa que los efectos que tuvieron en Beatriz Sarlo, dado que no se aporta prueba alguna respecto a sobre quiénes, en qué medida y con qué alcances esos efectos se habrían producido”.
Por último, La Nación publicó el 17 de abril en su suplemento Enfoques una nota titulada “La batalla por el sentido común: ¿Hacia una hegemonía kirchnerista?” en donde profundizó lo escrito por Sarlo e hizo opinar a otros intelectuales sobre el tema.
Allí, por ejemplo, el politólogo Guillermo O´Donnell consideró que “De ninguna manera se puede hablar de hegemonía. La hegemonía implica el pleno dominio de las ideas de los demás. Hay una fuerte ofensiva del kirchnerismo para tratar de difundir su visión de la Argentina con una intensidad notable y preocupante, pero eso no es hegemónico. Es exagerado y peligroso calificarlo así”.
Y el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González afirmó: “No me parece que hoy en la Argentina se pueda hablar de hegemonía, que supone algo oscuro. La discusión social hoy es activa y atraviesa todos los sectores. Todas las corrientes culturales trabajan y no hay una historia oficial. La lucha por el sentido común es el sinónimo de la vida política”.
El profesor de la carrera de Ciencias Políticas de la UBA, Edgardo Mocca, señaló que “Más que de hegemonía kirchnerista convendría hablar de una crisis de la cultura hegemónica de los años 90. Está en cuestión la autonomía de la política democrática frente a los factores de poder que condicionaron y hasta impusieron rumbos políticos en el país”.
En tanto, el sociólogo Manuel Mora y Araujo expresó que “el gobierno tiene una vocación hegemónica, le gustaría un grado de control del Estado y de la prensa, y más influencia en las formas de pensar de sectores de la sociedad”.
Para el historiador Marcos Novaro, en cambio, la supuesta hegemonía kirchnerista “podría instalarse si el gobierno tuviera el mismo enfoque integrador de sus primeros tiempos. El kirchnerismo llegó al poder muy atento a demandas de distintas tradiciones, pero eso terminó siendo muy poco efectivo para reinventar el peronismo o para hacer una gran coalición justicialista y progresista”.
El consultor político Carlos Fara, por su parte, afirmó que “no creo que haya hegemonía cultural, pero sí una mayoría ideológicamente más consolidada que hace cinco años. Además de la recuperación económica y del impacto de ciertas políticas públicas, como la Asignación Universal por Hijo, hay un nivel de satisfacción simbólica que está solidificando el apoyo al Gobierno”.
Por último, el consultor de Poliarquía, Eduardo Fidanza, consideró que “hoy hay un consenso que se manifiesta en el acuerdo con ciertas afirmaciones y que es tanto un fenómeno cultural como un efecto de la posibilidad de consumo” y que “el kirchnerismo ha construido un relato estigmatizante de la economía privada y contra los medios. Desde su posición concentrada, tiene la pretensión de representar los intereses del Estado y entonces los de toda la sociedad”.
| El impacto en los medios
La nota de Sarlo no fue revulsiva sólo en los ambientes culturales. También fue muy leída y comentada por empresarios periodísticos.
En el Grupo Clarín, que desde 2008 mantiene un férreo enfrentamiento con la Casa Rosada, la nota de marras fue analizada desde todas las ópticas posibles. También por supuesto en la cúpula de La Nación, el diario en que se publicó. En Perfil hace ya varios meses que miran con asombro las cifras de ventas dominicales del diario Página/12, dato que sólo es posible obtener de fuentes de circulación, ya que el diario no se encuentra suscripto al Instituto Verificador de Circulaciones (IVC).
En las empresas periodísticas enfrentadas con el oficialismo, percibían –a través de las encuestas que encargan y consumen, y de los consultores con los que se relacionan- que algún “cambio cultural” estaba operando en la sociedad en relación al Gobierno de Cristina Fernández, más aún luego de la muerte de su marido.
Pero entre los ejecutivos de medios cundía la desconfianza. Temían que fuera una lectura impulsada desde las múltiples usinas oficiales a través de sus intelectuales y encuestadores cercanos.
Cuando leyeron que alguien insospechado de kirchnerismo como Sarlo, y además alejada de los instrumentos de operación mediática del Gobierno, tomaron nota de que efectivamente “algo pasaba”.
Se rediseña Clarín
El martes 19 de abril, Clarín presentó un rediseño. Si bien en términos generales los retoques del diseño fueron módicos, hubo dos aspectos clave en términos de posicionamiento editorial.
En primer lugar, implementó el “Tema del día”. Bajo ese rótulo comenzó a “abrir” el diario; es decir, ubicar esa información en las páginas 3, 4 y 5. Y esa sección le dio además la flexibilidad para comenzar la edición con temáticas por fuera de la coyuntura político-económica. E incluir noticias de internacionales, información general o policiales como aperturas.
Del mismo modo, el “Tema del día” le permitió a Clarín editar sus títulos principales con temáticas “neutras” o meramente informativas respecto del Gobierno nacional y evidenciar cierta distensión en su pelea contra el kirchnerismo.
El otro aspecto importante del rediseño fue la eliminación de los editoriales, espacios considerados como la opinión de la empresa editora. De este modo, también evitó tener que cuestionar día a día las políticas oficiales, como lo venía haciendo hasta la desaparición de esa sección.
Todos estos cambios tuvieron su resultado palpable. Clarín efectivamente “suavizó” su tratamiento hacia la Casa Rosada. En la semana del 22 al 29 de abril, por primera vez las tapas “neutras” hacia el Gobierno nacional superaron a las “negativas”. Y ese signo se mantiene hasta estos días.
Clarín había editado mayoría de títulos principales neutros seguidos de negativos a partir de abril de 2008, mes en el cual comenzó la tensión entre Gobierno/campo. Antes de 2008 venía de editar de neutro a positivo a la Casa Rosada. Pero el matutino de Noble se endureció más aun en 2009, cuando ya no tuvo duda su directorio de que la administración nacional estaba decidida a aprobar vía parlamentaria la Ley de Medios. DsD interpretó esos tiempos, con una Zona Dura muy leída, “Clarín bajo emoción violenta”.
En 2010 el diario alternó tatamientos en forma errática: cuando empezó a distender su edición, la Casa Rosada otra vez fue sobre la empresa, esta vez por CableVisión/Fibertel, y luego por Papel Prensa SA. Pero 2010 fue clave en Clarín: editores directores y accionistas con mucha reserva discutieron a fondo sus propias reacciones, sus debilidades y fortalezas.
Nadie lo supo entonces, pero ese año surgió la idea del “rediseño”.
Las versiones sobre el cambio
Como siempre ocurre, cada vez que Clarín baja los decibeles de la pelea, surgen los rumores de un entendimiento mínimo (ya no se podrá hablar más de “acuerdo” suponen) con el oficialismo. Y esos días no fueron la excepción.
Entre los datos que condimentan esas versiones están los siguientes: Perfil consignó que el Grupo no tuvo “ningún escándalo” con el Ejecutivo por la designación de directores de la Anses, como ocurrió con Techint. A esto le suman que CableVisión incorporó a la señal infantil estatal “Paka Paka” a su grilla. Por último, a varios observadores les llamó la atención el tratamiento positivo que el diario le dio a la Presidenta cuando “enfrió” el proyecto de distribución de beneficios en las empresas. También se anota en esta lista la transmisión que hace CableVisión de un partido de Fútbol Para Todos en HD.
Otras versiones aseguraron que ante la posibilidad de que el kirchnerismo se imponga en octubre, Clarín no quiso seguir editando el cúmulo de títulos adversos a la Casa Rosada como hasta ahora, para no aparecer como “el gran perdedor” de la contienda electoral. De todas formas, es probable que desde la Rosada y sus medios afines así lo hagan notar.
Pero el diario intentó –siempre según estas versiones- recuperar a su histórico lector de clase media que podría haberlo abandonado por el enfrentamiento sin tregua con el Gobierno y la constante edición de tapas negativas. Una caída fuerte en las ventas del matutino indica que efectivamente hubo una fuga de compradores. Más difícil es establecer si la “guerra” con el kirchnerismo fue la causa.
Entre tantas batallas también es muy probable que el multimedios haya “fidelizado” audiencia: cuando la opinión pública es obligada a estar a favor o en contra, aquellos que terminan apoyando a una de las dos partes, fueron “fidelizados”.
Sigue la puja con Moyano: el Gobierno, funcional a Clarín
La única pieza del rompecabezas que no encuadraba en ese momento fue que continuó sin cambios el enfrentamiento que el matutino mantiene con el titular de la CGT, Hugo Moyano.
En la semana del 6 al 13 de mayo todos los diarios –incluido Página/12- observaron un “cambio” en la relación entre la Presidenta y el líder camionero. Afirmaron los analistas que Cristina Fernández mantiene un fuerte “enojo” y que no quiere ser “condicionada” por Moyano en las vísperas de su posible reelección. Este “cambio” observado por los diarios, estuvo apoyado en dos mensajes públicos de la mandataria con críticas a los sindicalistas
Y Cristina volvió a obtener tapas positivas en Clarín. Algo impensable, tanto para oficialistas como opositores. El matutino, el sábado 6, preparó el terreno. Tituló “Por una protesta de camioneros ya falta combustible” con la volanta “la Presidenta había pedido atenuar los conflictos”. El miércoles 11 llegó la primera tapa positiva: “Fuerte queja de Cristina por la presión sindical” y el viernes 13 la segunda: “Cristina volvió a cargar muy fuerte contra los gremios”.
Este “cambio”, cabe destacarlo, no sólo fue ponderado por Clarín, sino que también lo celebró La Nación (desde sus títulos de tapa) y Ámbito Financiero. A Página/12 le costó interpretar el giro e hizo lo posible para que no se vinculara la palabra presidencial en forma directa con Moyano. Lo mismo ocurrió en el resto de los medios kirchneristas en donde cundió la desorientación en el análisis de la táctica oficial.
Así, la pelea del Gobierno con el camionero es doblemente funcional al matutino: puede mantener su distensión con el oficialismo –y hasta cederle tapas positivas- y a la vez puede seguir enfrascado en su enfrentamiento con el titular de la CGT.
Pese a acciones oficiales, Clarín se mantiene
Clarín cumplió el 19 de mayo un mes de su rediseño, que le permitió –a través de la apertura con el “tema del día”- editar tapas neutras hacia el Gobierno nacional, con temas por fuera de la agenda política.
Y pese a que el oficialismo mantuvo la ofensiva contra el holding, ya no fue la Presidenta la encargada de confrontar públicamente, sino funcionarios de menor jerarquía. Así y todo, el matutino evitó reaccionar en forma desmesurada ante movidas del kirchnerismo.
En la segunda semana de mayo, por ejemplo, hubo una marcha de organismos de derechos humanos ante el Palacio de Tribunales para pedir por la resolución de la causa que involucra a Ernestina Herrera de Noble por la adopción de sus hijos, Marcela y Felipe. También hubo nuevas medidas judiciales por el caso Papel Prensa. Y el director de El Cronista, Fernando González, publicó una nota en la que señaló que “la propuesta” del kirchnerismo sería “estrangular a Clarín después de octubre”.
Pese a todo eso, el matutino mantuvo su nueva posición editorial: llevar el conflicto con el Gobierno nacional en las páginas interiores, evitando que los títulos principales vuelvan a darle el barniz de negatividad informativa con el que el diario editó durante los primeros combates por la influencia en la opinión pública.
La Nación se suma a la neutralidad
El histórico comportamiento de La Nación, de “dejarse arrastrar” o “hacer seguidismo”, de Clarín se volvió a confirmar en esta etapa de distensión de Clarín.
El matutino de los Saguier, una semana después que Clarín, también impulsó la neutralidad en su portada hacia la Casa Rosada. Si bien mantuvo un cúmulo de tapas negativas constantes y si bien no se priva de ceder positivas, el matutino llevó a lo alto de su posicionamiento las tapas neutras o informativas.
También parece haber llegado a la calle Bouchard la constatación del “cambio cultural”.
A modo de conclusión
Es cierto que Clarín concibió en teoría su rediseño en 2010. Es decir: mucho antes que Sarlo escribiera su nota, que evidenció un debate solapado que ya se estaba dando en ámbitos culturales. Este dato es una demostración palpable de que “el gran diario argentino” puede equivocarse y mucho, pero que no ha perdido capacidad de autocrítica interna. Y que tiene intactas todas las capacidades técnicas para cambiar.
Ocurrió lo mismo en los tiempos K. Cuando Clarín fusionó en 2003 la secciones de “Economía” y “Política” en la aún denominada El País. Antes de que se hicieran populares frases como “Kirchner puso a la política en su lugar”; “por primera vez un gobierno supedita la economía a la Política”, Clarín había dado cuenta de esos tiempos que estaban por venir.
En toda caso las preguntas a responder son otras: ¿Quién gana y quien pierde con el “cambio de clima” o el “cambio cultural”? ¿O se trata de otra construcción mediática que se evaporará sorpresivamente como ocurrió con “la crispación”, que vio su fecha de defunción cuando una multitud incalculable hizo suyos los festejos del Bicentenario?.
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